La mansión Sparda permanecía envuelta en aquel silencio solemne que solo las viejas paredes podían conservar tras siglos de historia. Los enormes ventanales dejaban entrar la tenue luz de la luna, iluminando apenas los largos pasillos cubiertos por sombras elegantes y polvo antiguo. Todo seguía exactamente igual inmóvil, esperando.
Entonces, el aire se rasgó.
Un portal carmesí se abrió en mitad del gran vestíbulo con un estruendo grave, acompañado de un viento caliente impregnado del aroma del inframundo. Desde aquella grieta dimensional emergió una figura alta y poderosa," Sparda."
Sus botas resonaron pesadamente contra el mármol mientras el portal se cerraba tras él con un destello violento. El demonio soltó un largo suspiro, relajando apenas los hombros después de tanto tiempo lejos de casa. El cansancio de incontables batallas seguía marcado en su semblante, pero aun así había calma.
Por primera vez en mucho tiempo, se sentía tranquilo.
Su mirada roja recorrió lentamente la mansión. Cada rincón le resultaba familiar, casi nostálgico. El aroma del lugar seguía intacto y entre todos ellos, había uno que reconocería incluso en medio del caos absoluto.
Alastor estaba allí.
Aún no lo veía, no escuchaba su voz ni distinguía su silueta entre las sombras de la enorme residencia pero podía sentir su presencia impregnando el ambiente como una melodía suave y perturbadoramente reconfortante.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Sparda mientras avanzaba lentamente por el vestíbulo.

—Hogar… al fin.
La mansión Sparda permanecía envuelta en aquel silencio solemne que solo las viejas paredes podían conservar tras siglos de historia. Los enormes ventanales dejaban entrar la tenue luz de la luna, iluminando apenas los largos pasillos cubiertos por sombras elegantes y polvo antiguo. Todo seguía exactamente igual inmóvil, esperando. Entonces, el aire se rasgó. Un portal carmesí se abrió en mitad del gran vestíbulo con un estruendo grave, acompañado de un viento caliente impregnado del aroma del inframundo. Desde aquella grieta dimensional emergió una figura alta y poderosa," Sparda." Sus botas resonaron pesadamente contra el mármol mientras el portal se cerraba tras él con un destello violento. El demonio soltó un largo suspiro, relajando apenas los hombros después de tanto tiempo lejos de casa. El cansancio de incontables batallas seguía marcado en su semblante, pero aun así había calma. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía tranquilo. Su mirada roja recorrió lentamente la mansión. Cada rincón le resultaba familiar, casi nostálgico. El aroma del lugar seguía intacto y entre todos ellos, había uno que reconocería incluso en medio del caos absoluto. Alastor estaba allí. Aún no lo veía, no escuchaba su voz ni distinguía su silueta entre las sombras de la enorme residencia pero podía sentir su presencia impregnando el ambiente como una melodía suave y perturbadoramente reconfortante. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Sparda mientras avanzaba lentamente por el vestíbulo. —Hogar… al fin.
Me encocora
Me shockea
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