Las calles brillaban bajo la tarde como si alguien hubiese derramado oro líquido sobre los escaparates, pero yo apenas les prestaba atención.
Porque esta vez no había venido por mí.
Había venido por ti.
Caminaba a tu lado con las manos entrelazadas detrás de mi cabeza, completamente despreocupada, dejando que mi vestido se moviese con el viento mientras avanzábamos entre la gente.
—No pongas esa cara, Fenrir… —murmuré de reojo—. Si tu padre te trae de compras, probablemente terminarías con una espada, tres chaquetas iguales y algún animal callejero adoptado por accidente.
Giré apenas el rostro hacia ti con una sonrisa ladeada, insolente… orgullosa.
La misma sonrisa que había tenido después de robarte aquel beso.
Tu primer beso.
Mi pequeño crimen favorito.
—Además… sigo pensando que si es mío, entonces sí fue especial.
Mis ojos descendieron un instante hacia tus labios, sólo un segundo, lo justo para verte volver a ruborizarte antes de apartar la mirada como si no hubiese hecho nada.
Mentira.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo contigo.
La enorme boutique frente a nosotras abrió sus puertas automáticas en ese instante, dejando escapar perfume caro, luces cálidas y vestidos imposiblemente hermosos alineados como obras de arte.
Entonces me adelanté un paso y te tomé de la muñeca para arrastrarte conmigo hacia dentro.
—Hoy vas a elegir todo lo que quieras. Vestidos, joyas, zapatos… lo que te haga sentir preciosa. —incliné apenas la cabeza hacia ti, divertida—. Considéralo una disculpa formal por corromper a mi sobrina.
Hice una pausa dramática mientras la comisura de mis labios volvía a elevarse.
—Aunque no prometo no volver a hacerlo.
—Fíjate! Ése vestido lleva mi nombre... Khkhehe!
Porque esta vez no había venido por mí.
Había venido por ti.
Caminaba a tu lado con las manos entrelazadas detrás de mi cabeza, completamente despreocupada, dejando que mi vestido se moviese con el viento mientras avanzábamos entre la gente.
—No pongas esa cara, Fenrir… —murmuré de reojo—. Si tu padre te trae de compras, probablemente terminarías con una espada, tres chaquetas iguales y algún animal callejero adoptado por accidente.
Giré apenas el rostro hacia ti con una sonrisa ladeada, insolente… orgullosa.
La misma sonrisa que había tenido después de robarte aquel beso.
Tu primer beso.
Mi pequeño crimen favorito.
—Además… sigo pensando que si es mío, entonces sí fue especial.
Mis ojos descendieron un instante hacia tus labios, sólo un segundo, lo justo para verte volver a ruborizarte antes de apartar la mirada como si no hubiese hecho nada.
Mentira.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo contigo.
La enorme boutique frente a nosotras abrió sus puertas automáticas en ese instante, dejando escapar perfume caro, luces cálidas y vestidos imposiblemente hermosos alineados como obras de arte.
Entonces me adelanté un paso y te tomé de la muñeca para arrastrarte conmigo hacia dentro.
—Hoy vas a elegir todo lo que quieras. Vestidos, joyas, zapatos… lo que te haga sentir preciosa. —incliné apenas la cabeza hacia ti, divertida—. Considéralo una disculpa formal por corromper a mi sobrina.
Hice una pausa dramática mientras la comisura de mis labios volvía a elevarse.
—Aunque no prometo no volver a hacerlo.
—Fíjate! Ése vestido lleva mi nombre... Khkhehe!
Las calles brillaban bajo la tarde como si alguien hubiese derramado oro líquido sobre los escaparates, pero yo apenas les prestaba atención.
Porque esta vez no había venido por mí.
Había venido por ti.
Caminaba a tu lado con las manos entrelazadas detrás de mi cabeza, completamente despreocupada, dejando que mi vestido se moviese con el viento mientras avanzábamos entre la gente.
—No pongas esa cara, Fenrir… —murmuré de reojo—. Si tu padre te trae de compras, probablemente terminarías con una espada, tres chaquetas iguales y algún animal callejero adoptado por accidente.
Giré apenas el rostro hacia ti con una sonrisa ladeada, insolente… orgullosa.
La misma sonrisa que había tenido después de robarte aquel beso.
Tu primer beso.
Mi pequeño crimen favorito.
—Además… sigo pensando que si es mío, entonces sí fue especial.
Mis ojos descendieron un instante hacia tus labios, sólo un segundo, lo justo para verte volver a ruborizarte antes de apartar la mirada como si no hubiese hecho nada.
Mentira.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo contigo.
La enorme boutique frente a nosotras abrió sus puertas automáticas en ese instante, dejando escapar perfume caro, luces cálidas y vestidos imposiblemente hermosos alineados como obras de arte.
Entonces me adelanté un paso y te tomé de la muñeca para arrastrarte conmigo hacia dentro.
—Hoy vas a elegir todo lo que quieras. Vestidos, joyas, zapatos… lo que te haga sentir preciosa. —incliné apenas la cabeza hacia ti, divertida—. Considéralo una disculpa formal por corromper a mi sobrina.
Hice una pausa dramática mientras la comisura de mis labios volvía a elevarse.
—Aunque no prometo no volver a hacerlo.
—Fíjate! Ése vestido lleva mi nombre... Khkhehe!