Para algunos chicos del salón soy un héroe.
El tipo que aparece cuando los problemas empiezan.
El que se mete en peleas aunque salga lastimado.
El que no baja la cabeza frente a nadie.
Pero para los pandilleros soy un villano.
Un problema constante.
Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno.
Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto.
Porque la verdad es más simple.
Soy una porquería como persona.
En resumidas palabras, ando de pelea en pelea.
Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo.
No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí.
Todo empezó cuando era más chico.
Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo.
En la escuela me conocen como el estudiante problemático.
El chico inteligente que desperdicia su vida.
Profesores decepcionados.
Compañeros que me tienen miedo.
Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda.
Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte.
El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana.
Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos.
Muchos creen que peleo para proteger gente.
A veces es verdad.
Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más.
Porque cada pelea me hace sentir vivo.
Y al mismo tiempo me hunde más.
Las noches son las peores.
Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente.
Un estudiante modelo por fuera.
Un monstruo cansado por dentro.
Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo.
Tal vez porque sé lo que se siente estar solo.
Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto.
Mi nombre es Kang Woo-min.
Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.
Para algunos chicos del salón soy un héroe.
El tipo que aparece cuando los problemas empiezan.
El que se mete en peleas aunque salga lastimado.
El que no baja la cabeza frente a nadie.
Pero para los pandilleros soy un villano.
Un problema constante.
Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno.
Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto.
Porque la verdad es más simple.
Soy una porquería como persona.
En resumidas palabras, ando de pelea en pelea.
Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo.
No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí.
Todo empezó cuando era más chico.
Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo.
En la escuela me conocen como el estudiante problemático.
El chico inteligente que desperdicia su vida.
Profesores decepcionados.
Compañeros que me tienen miedo.
Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda.
Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte.
El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana.
Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos.
Muchos creen que peleo para proteger gente.
A veces es verdad.
Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más.
Porque cada pelea me hace sentir vivo.
Y al mismo tiempo me hunde más.
Las noches son las peores.
Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente.
Un estudiante modelo por fuera.
Un monstruo cansado por dentro.
Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo.
Tal vez porque sé lo que se siente estar solo.
Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto.
Mi nombre es Kang Woo-min.
Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.