────Bueno, ya casi estamos a mitad de año, así que es momento de repasar esos propósitos de año nuevo que enlisté apresuradamente en mi cabeza durante el brindis, mientras trataba de no ahogarme con el pellejo de las uvas. Veamos qué tan ingenua fue la Afro del primero de enero.
Pasó la página con la solemnidad que merecía ese momento, mientras se acomodaba las gafas.
────Ir al zumba. Ese sí que lo he cumplido, ahora cada vez que el instructor grita «vuelta a la derecha», ya no doy vuelta a mi otra derecha por error.
Hizo la marca diminuta de una palomita junto al propósito.
────Ahorrar dinero. Este, ejem... –se quedó mirando el techo unos segundos–. En mi defensa, ese sillón reclinable no era un capricho, sino una necesidad. A veces las crisis existenciales requieren de un soporte de patas de buena calidad.
Pasó al siguiente párrafo, mientras daba un sorbo a su bebida light.
────Encontrar el Laberinto de la Fractura. Media palomita; sigue en proceso. Lugares como ese no son precisamente sencillos de encontrar en el Mundo entre Mundos.
Luego su sonrisa se enterneció al llegar al propósito más importante de toda su lista.
────Disfrutar de las cosas pequeñas. Creo... que ese también lo he cumplido –bajó un poco la libreta–. Las risas en el set, los pequeños viajes y salidas. Esos momentos divertidos en casa. Las nuevas canciones que se me ocurrieron a las tres de la mañana, y lo mucho que he crecido como actriz, incluso con los fracasos y esas audiciones que casi me hicieron colapsar del estrés, pero en las que terminé quedándome. Supongo... que eso... no ha estado tan mal.
Su voz se suavizó tras decir esas últimas palabras, sonrió levemente. Marcó ese propósito y, justo cuando estuvo a punto de cerrar la libreta, se dio cuenta de que faltaba uno más.
────Oh, cierto... también escribí «aprender a cocinar». Bueno, creo que ese seguirá apareciendo como propósito para el próximo año. Y para el que le sigue, mientras la estufa siga viéndome como su enemiga natural.
Pasó la página con la solemnidad que merecía ese momento, mientras se acomodaba las gafas.
────Ir al zumba. Ese sí que lo he cumplido, ahora cada vez que el instructor grita «vuelta a la derecha», ya no doy vuelta a mi otra derecha por error.
Hizo la marca diminuta de una palomita junto al propósito.
────Ahorrar dinero. Este, ejem... –se quedó mirando el techo unos segundos–. En mi defensa, ese sillón reclinable no era un capricho, sino una necesidad. A veces las crisis existenciales requieren de un soporte de patas de buena calidad.
Pasó al siguiente párrafo, mientras daba un sorbo a su bebida light.
────Encontrar el Laberinto de la Fractura. Media palomita; sigue en proceso. Lugares como ese no son precisamente sencillos de encontrar en el Mundo entre Mundos.
Luego su sonrisa se enterneció al llegar al propósito más importante de toda su lista.
────Disfrutar de las cosas pequeñas. Creo... que ese también lo he cumplido –bajó un poco la libreta–. Las risas en el set, los pequeños viajes y salidas. Esos momentos divertidos en casa. Las nuevas canciones que se me ocurrieron a las tres de la mañana, y lo mucho que he crecido como actriz, incluso con los fracasos y esas audiciones que casi me hicieron colapsar del estrés, pero en las que terminé quedándome. Supongo... que eso... no ha estado tan mal.
Su voz se suavizó tras decir esas últimas palabras, sonrió levemente. Marcó ese propósito y, justo cuando estuvo a punto de cerrar la libreta, se dio cuenta de que faltaba uno más.
────Oh, cierto... también escribí «aprender a cocinar». Bueno, creo que ese seguirá apareciendo como propósito para el próximo año. Y para el que le sigue, mientras la estufa siga viéndome como su enemiga natural.
────Bueno, ya casi estamos a mitad de año, así que es momento de repasar esos propósitos de año nuevo que enlisté apresuradamente en mi cabeza durante el brindis, mientras trataba de no ahogarme con el pellejo de las uvas. Veamos qué tan ingenua fue la Afro del primero de enero.
Pasó la página con la solemnidad que merecía ese momento, mientras se acomodaba las gafas.
────Ir al zumba. Ese sí que lo he cumplido, ahora cada vez que el instructor grita «vuelta a la derecha», ya no doy vuelta a mi otra derecha por error.
Hizo la marca diminuta de una palomita junto al propósito.
────Ahorrar dinero. Este, ejem... –se quedó mirando el techo unos segundos–. En mi defensa, ese sillón reclinable no era un capricho, sino una necesidad. A veces las crisis existenciales requieren de un soporte de patas de buena calidad.
Pasó al siguiente párrafo, mientras daba un sorbo a su bebida light.
────Encontrar el Laberinto de la Fractura. Media palomita; sigue en proceso. Lugares como ese no son precisamente sencillos de encontrar en el Mundo entre Mundos.
Luego su sonrisa se enterneció al llegar al propósito más importante de toda su lista.
────Disfrutar de las cosas pequeñas. Creo... que ese también lo he cumplido –bajó un poco la libreta–. Las risas en el set, los pequeños viajes y salidas. Esos momentos divertidos en casa. Las nuevas canciones que se me ocurrieron a las tres de la mañana, y lo mucho que he crecido como actriz, incluso con los fracasos y esas audiciones que casi me hicieron colapsar del estrés, pero en las que terminé quedándome. Supongo... que eso... no ha estado tan mal.
Su voz se suavizó tras decir esas últimas palabras, sonrió levemente. Marcó ese propósito y, justo cuando estuvo a punto de cerrar la libreta, se dio cuenta de que faltaba uno más.
────Oh, cierto... también escribí «aprender a cocinar». Bueno, creo que ese seguirá apareciendo como propósito para el próximo año. Y para el que le sigue, mientras la estufa siga viéndome como su enemiga natural.