¿Puedes sentirlo, verdad?
Ese persistente dolor en el pecho, como una marea alta que se niega a retroceder.
No es más que tu tonta necesidad de buscar una conexión en este océano vacío.
Ese deseo desesperado de pertenecer a alguien... de encallar en un lugar específico.
De tener un ancla, una prueba irrefutable de que no eres un simple mito flotando en la nada.
El capricho de dejar tu huella en el lienzo, un trazo que grite: "Estuve aquí. Existí... y fui tuyo"

¿Puedes sentirlo, verdad? Ese persistente dolor en el pecho, como una marea alta que se niega a retroceder. No es más que tu tonta necesidad de buscar una conexión en este océano vacío. Ese deseo desesperado de pertenecer a alguien... de encallar en un lugar específico. De tener un ancla, una prueba irrefutable de que no eres un simple mito flotando en la nada. El capricho de dejar tu huella en el lienzo, un trazo que grite: "Estuve aquí. Existí... y fui tuyo"
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