La catedral estaba vacía, ni siquiera un alma vagaba por allí. Sin embargo, a pesar de haber sido abandonada todavía habían remanentes de quienes estuvieron bajo su techo. Velas aún encendidas, pasillos que todavía no juntaban el suficiente polvo, ventanas aún limpias.
Pero las velas no se consumían, el aire no corría por ningún lado, ni siquiera en partes rotas de la estructura. Era como si se hubiera detenido en el tiempo.
Lo que llamaba más la atención era que, al poner un pie en el terreno de la catedral, la noche también se detenía. La luna quedaba en lo alto, llena, alumbrando a través de las grietas. El sol nunca salía estando allí.
Una anomalía, claramente. Evangeline estaba acostumbrada a ello. O casi, pues había visto muchas cosas durante sus misiones, pero esto era nuevo.
Entrar ahí era más extraño, sentía su cuerpo un poco más pesado y como si este se rehusara a continuar, pero ella se obligó a seguir hasta el final, allí donde una estatua de un ángel descansaba entre pequeñas velas.
Se detuvo al estar frente al ángel. Todo e el área irradiaba un aura demasiado extraña, no podía discernir exactamente de qué o quién, estaba esparcida por todos lados, como quien no desea ser encontrado o como si un huracán de percepción haya hecho estragos.
Pasó las manos con ligereza por los bancos, confirmando que no había tierra en ellos. Justo entonces, hubo algo más. Por una de las ventanas vio un destello, algo como imágenes pasando demasiado rápido, pero habían personas, objetos e incluso ropas que no coincidían en nada con lo que vivía. Ni siquiera los rastros de alma que emanaban, se veían completamente nuevos.
Quiso acercarse y ese fue su error. La estructura tembló antes que las ventanas estallaran con gran fuerza, haciendo volar los pedazos de vidrio hacia el interior. La albina se cubrió con ambos brazos, siendo abrumada de repente por algo que alguna vez notó de forma leve: el pasar del tiempo, adelante y atrás, pero todo en conjunto.
Aikaterine Ouro
Pero las velas no se consumían, el aire no corría por ningún lado, ni siquiera en partes rotas de la estructura. Era como si se hubiera detenido en el tiempo.
Lo que llamaba más la atención era que, al poner un pie en el terreno de la catedral, la noche también se detenía. La luna quedaba en lo alto, llena, alumbrando a través de las grietas. El sol nunca salía estando allí.
Una anomalía, claramente. Evangeline estaba acostumbrada a ello. O casi, pues había visto muchas cosas durante sus misiones, pero esto era nuevo.
Entrar ahí era más extraño, sentía su cuerpo un poco más pesado y como si este se rehusara a continuar, pero ella se obligó a seguir hasta el final, allí donde una estatua de un ángel descansaba entre pequeñas velas.
Se detuvo al estar frente al ángel. Todo e el área irradiaba un aura demasiado extraña, no podía discernir exactamente de qué o quién, estaba esparcida por todos lados, como quien no desea ser encontrado o como si un huracán de percepción haya hecho estragos.
Pasó las manos con ligereza por los bancos, confirmando que no había tierra en ellos. Justo entonces, hubo algo más. Por una de las ventanas vio un destello, algo como imágenes pasando demasiado rápido, pero habían personas, objetos e incluso ropas que no coincidían en nada con lo que vivía. Ni siquiera los rastros de alma que emanaban, se veían completamente nuevos.
Quiso acercarse y ese fue su error. La estructura tembló antes que las ventanas estallaran con gran fuerza, haciendo volar los pedazos de vidrio hacia el interior. La albina se cubrió con ambos brazos, siendo abrumada de repente por algo que alguna vez notó de forma leve: el pasar del tiempo, adelante y atrás, pero todo en conjunto.
Aikaterine Ouro
La catedral estaba vacía, ni siquiera un alma vagaba por allí. Sin embargo, a pesar de haber sido abandonada todavía habían remanentes de quienes estuvieron bajo su techo. Velas aún encendidas, pasillos que todavía no juntaban el suficiente polvo, ventanas aún limpias.
Pero las velas no se consumían, el aire no corría por ningún lado, ni siquiera en partes rotas de la estructura. Era como si se hubiera detenido en el tiempo.
Lo que llamaba más la atención era que, al poner un pie en el terreno de la catedral, la noche también se detenía. La luna quedaba en lo alto, llena, alumbrando a través de las grietas. El sol nunca salía estando allí.
Una anomalía, claramente. Evangeline estaba acostumbrada a ello. O casi, pues había visto muchas cosas durante sus misiones, pero esto era nuevo.
Entrar ahí era más extraño, sentía su cuerpo un poco más pesado y como si este se rehusara a continuar, pero ella se obligó a seguir hasta el final, allí donde una estatua de un ángel descansaba entre pequeñas velas.
Se detuvo al estar frente al ángel. Todo e el área irradiaba un aura demasiado extraña, no podía discernir exactamente de qué o quién, estaba esparcida por todos lados, como quien no desea ser encontrado o como si un huracán de percepción haya hecho estragos.
Pasó las manos con ligereza por los bancos, confirmando que no había tierra en ellos. Justo entonces, hubo algo más. Por una de las ventanas vio un destello, algo como imágenes pasando demasiado rápido, pero habían personas, objetos e incluso ropas que no coincidían en nada con lo que vivía. Ni siquiera los rastros de alma que emanaban, se veían completamente nuevos.
Quiso acercarse y ese fue su error. La estructura tembló antes que las ventanas estallaran con gran fuerza, haciendo volar los pedazos de vidrio hacia el interior. La albina se cubrió con ambos brazos, siendo abrumada de repente por algo que alguna vez notó de forma leve: el pasar del tiempo, adelante y atrás, pero todo en conjunto.
[Mercenary1x]