No pude seguir ignorándolo.
Lo sentí dentro de mí antes incluso de verte.
Como si algo estuviera arrancándote poco a poco de este mundo… y al hacerlo, también me desgarrara a mí.
Ni siquiera llamé a la puerta.
Aparecí frente a ti y, sin darte tiempo a preguntar nada, sujeté tu muñeca con firmeza mientras abría un portal a mis espaldas. La oscuridad del corredor devoró la habitación hasta revelar los interminables pasillos de la biblioteca Ishtar.
—Vamos a encontrar tu dimensión… la tierra de las dos lunas.
No era una sugerencia.
Era una decisión.
Hacía demasiado tiempo que nadie me prohibía entrar en la sección sellada. Conozco cada runa, cada mecanismo, cada mentira escrita sobre esas puertas. Los sellos cedieron bajo mis dedos como si me reconocieran.
Y allí estaba.
El Grimorio de las Dimensiones.
Lo había leído cientos de veces.
Nunca tuve motivos para usarlo…
hasta ahora.
Abrí las páginas antiguas mientras las inscripciones comenzaban a brillar bajo mis manos. Mi voz resonó entre los estantes vacíos recitando un idioma olvidado incluso por los dioses.
Y entonces el portal respondió.
Las sombras se rasgaron frente a nosotras, dejando ver un cielo distinto al otro lado.
Un cielo iluminado por dos lunas.
Giré apenas el rostro hacia ti, aún sosteniendo el grimorio abierto entre mis manos.
—¿Estás lista?
Mi voz bajó apenas un susurro.
—¿Necesitas tiempo…? ¿Hay algo que quieras llevar contigo antes de cruzar?
Lo sentí dentro de mí antes incluso de verte.
Como si algo estuviera arrancándote poco a poco de este mundo… y al hacerlo, también me desgarrara a mí.
Ni siquiera llamé a la puerta.
Aparecí frente a ti y, sin darte tiempo a preguntar nada, sujeté tu muñeca con firmeza mientras abría un portal a mis espaldas. La oscuridad del corredor devoró la habitación hasta revelar los interminables pasillos de la biblioteca Ishtar.
—Vamos a encontrar tu dimensión… la tierra de las dos lunas.
No era una sugerencia.
Era una decisión.
Hacía demasiado tiempo que nadie me prohibía entrar en la sección sellada. Conozco cada runa, cada mecanismo, cada mentira escrita sobre esas puertas. Los sellos cedieron bajo mis dedos como si me reconocieran.
Y allí estaba.
El Grimorio de las Dimensiones.
Lo había leído cientos de veces.
Nunca tuve motivos para usarlo…
hasta ahora.
Abrí las páginas antiguas mientras las inscripciones comenzaban a brillar bajo mis manos. Mi voz resonó entre los estantes vacíos recitando un idioma olvidado incluso por los dioses.
Y entonces el portal respondió.
Las sombras se rasgaron frente a nosotras, dejando ver un cielo distinto al otro lado.
Un cielo iluminado por dos lunas.
Giré apenas el rostro hacia ti, aún sosteniendo el grimorio abierto entre mis manos.
—¿Estás lista?
Mi voz bajó apenas un susurro.
—¿Necesitas tiempo…? ¿Hay algo que quieras llevar contigo antes de cruzar?
No pude seguir ignorándolo.
Lo sentí dentro de mí antes incluso de verte.
Como si algo estuviera arrancándote poco a poco de este mundo… y al hacerlo, también me desgarrara a mí.
Ni siquiera llamé a la puerta.
Aparecí frente a ti y, sin darte tiempo a preguntar nada, sujeté tu muñeca con firmeza mientras abría un portal a mis espaldas. La oscuridad del corredor devoró la habitación hasta revelar los interminables pasillos de la biblioteca Ishtar.
—Vamos a encontrar tu dimensión… la tierra de las dos lunas.
No era una sugerencia.
Era una decisión.
Hacía demasiado tiempo que nadie me prohibía entrar en la sección sellada. Conozco cada runa, cada mecanismo, cada mentira escrita sobre esas puertas. Los sellos cedieron bajo mis dedos como si me reconocieran.
Y allí estaba.
El Grimorio de las Dimensiones.
Lo había leído cientos de veces.
Nunca tuve motivos para usarlo…
hasta ahora.
Abrí las páginas antiguas mientras las inscripciones comenzaban a brillar bajo mis manos. Mi voz resonó entre los estantes vacíos recitando un idioma olvidado incluso por los dioses.
Y entonces el portal respondió.
Las sombras se rasgaron frente a nosotras, dejando ver un cielo distinto al otro lado.
Un cielo iluminado por dos lunas.
Giré apenas el rostro hacia ti, aún sosteniendo el grimorio abierto entre mis manos.
—¿Estás lista?
Mi voz bajó apenas un susurro.
—¿Necesitas tiempo…? ¿Hay algo que quieras llevar contigo antes de cruzar?