El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes.
Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así.
En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín.
Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor.
—Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil.
Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien?
Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla.
El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él.
Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa.
—Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así.
En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín.
Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor.
—Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil.
Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien?
Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla.
El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él.
Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa.
—Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes.
Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así.
En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín.
Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor.
—Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil.
Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien?
Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla.
El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él.
Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa.
—Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.