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En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra;
Me someto al albor de tus sirenas,
Sagrada encendida como una lámpara del este.

Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo.
Brindaré ante este silencio; de ingerible porte.
Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos.
En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa;
Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí;
En el umbral de mi cuello.
Tú, dama de la noche,
Oscura mañana,
Negrura de Soles insolentes.

Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde.
Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero.

Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras;
Son mi aguamiel y paraíso.
Para mí.

Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente;
Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces.

Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho;
¿No será mejor amaestrar a otros soberanos?
En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos;
Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos.

Y la borgoña de mi corazón;
El enjambre de mi amor;
Rige las puertas de tus tinieblas;
Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos;
Y convertirán tu risa en maravillas.
En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral.
Como en los nunca.
Como en los para siempre;
De batallas y cobijos ancestrales.

Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
--- En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra; Me someto al albor de tus sirenas, Sagrada encendida como una lámpara del este. Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo. Brindaré ante este silencio; de ingerible porte. Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos. En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa; Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí; En el umbral de mi cuello. Tú, dama de la noche, Oscura mañana, Negrura de Soles insolentes. Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde. Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero. Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras; Son mi aguamiel y paraíso. Para mí. Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente; Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces. Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho; ¿No será mejor amaestrar a otros soberanos? En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos; Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos. Y la borgoña de mi corazón; El enjambre de mi amor; Rige las puertas de tus tinieblas; Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos; Y convertirán tu risa en maravillas. En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral. Como en los nunca. Como en los para siempre; De batallas y cobijos ancestrales. Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
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