饾悆饾悇饾悡饾悋饾悜饾悗饾悕饾悇
Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca.
Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento.
En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza.
El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla.
Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar.
Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas.
Estaba viva, era lo importante.
Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava.
A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado.
—¡Eres terca!
—Estoy bien papá, gracias por preguntar...
—¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo...
—¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder...
—¡Es por tu bien!
—¡No lo haré!
—Igual que...
—¡Igual que tú!
No discutió más.
El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio.
Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte...
—Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo.
—Haré todos los preparativos... ahora descansa...
Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.
饾悆饾悇饾悡饾悋饾悜饾悗饾悕饾悇
Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca.
Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento.
En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza.
El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla.
Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar.
Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas.
Estaba viva, era lo importante.
Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava.
A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado.
—¡Eres terca!
—Estoy bien papá, gracias por preguntar...
—¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo...
—¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder...
—¡Es por tu bien!
—¡No lo haré!
—Igual que...
—¡Igual que tú!
No discutió más.
El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio.
Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte...
—Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo.
—Haré todos los preparativos... ahora descansa...
Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.