— ¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar? —Repitió en un susurro, como si temiera romper algo frágil que habitaba en esas palabras.
Se detuvo frente al muro desgastado, donde la frase sobrevivía al paso del tiempo como una herida abierta. Sus dedos, cubiertos por el guante oscuro, se alzaron lentamente… dudando apenas un instante antes de rozar las letras.
Siguió el trazo de cada palabra con la yema de los dedos, como si pudiera sentir en ellas el pulso de quien las escribió… como si, de algún modo, fueran suyas también. Su respiración se volvió más lenta, y algo en su pecho se tensó, una emoción que no sabía nombrar.
¿Alma…?
Sus ojos se entrecerraron levemente. No había respuestas en ese mundo en ruinas. Solo ecos.
Entonces, una gota cayó sobre el dorso de su mano.
Se quedó inmóvil, observándola, como si ese mínimo contacto con el cielo fuese algo extraño, casi olvidado. Luego otra gota… y otra más.
La lluvia comenzó a caer con sutileza, apenas perceptible al principio, como un murmullo que crecía entre los restos del pueblo. Ni siquiera le importaba mojarse, todo era parte de las sensaciones de lo que alguna vez anhelo con todo su ser.
Se detuvo frente al muro desgastado, donde la frase sobrevivía al paso del tiempo como una herida abierta. Sus dedos, cubiertos por el guante oscuro, se alzaron lentamente… dudando apenas un instante antes de rozar las letras.
Siguió el trazo de cada palabra con la yema de los dedos, como si pudiera sentir en ellas el pulso de quien las escribió… como si, de algún modo, fueran suyas también. Su respiración se volvió más lenta, y algo en su pecho se tensó, una emoción que no sabía nombrar.
¿Alma…?
Sus ojos se entrecerraron levemente. No había respuestas en ese mundo en ruinas. Solo ecos.
Entonces, una gota cayó sobre el dorso de su mano.
Se quedó inmóvil, observándola, como si ese mínimo contacto con el cielo fuese algo extraño, casi olvidado. Luego otra gota… y otra más.
La lluvia comenzó a caer con sutileza, apenas perceptible al principio, como un murmullo que crecía entre los restos del pueblo. Ni siquiera le importaba mojarse, todo era parte de las sensaciones de lo que alguna vez anhelo con todo su ser.
— ¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar? —Repitió en un susurro, como si temiera romper algo frágil que habitaba en esas palabras.
Se detuvo frente al muro desgastado, donde la frase sobrevivía al paso del tiempo como una herida abierta. Sus dedos, cubiertos por el guante oscuro, se alzaron lentamente… dudando apenas un instante antes de rozar las letras.
Siguió el trazo de cada palabra con la yema de los dedos, como si pudiera sentir en ellas el pulso de quien las escribió… como si, de algún modo, fueran suyas también. Su respiración se volvió más lenta, y algo en su pecho se tensó, una emoción que no sabía nombrar.
¿Alma…?
Sus ojos se entrecerraron levemente. No había respuestas en ese mundo en ruinas. Solo ecos.
Entonces, una gota cayó sobre el dorso de su mano.
Se quedó inmóvil, observándola, como si ese mínimo contacto con el cielo fuese algo extraño, casi olvidado. Luego otra gota… y otra más.
La lluvia comenzó a caer con sutileza, apenas perceptible al principio, como un murmullo que crecía entre los restos del pueblo. Ni siquiera le importaba mojarse, todo era parte de las sensaciones de lo que alguna vez anhelo con todo su ser.