Observó el cigarrillo entre sus largos dedos pálidos con una mezcla de repulsión y necesidad.

—El tabaco es veneno puro... —murmuró, casi como si se estuviera regañando a sí mismo, con la voz ligeramente rasposa—. Lo sé mejor que nadie. He tenido en mis manos cientos de pulmones ennegrecidos, tejido alveolar completamente necrosado y arterias destruidas a causa de este maldito vicio...

Hizo una pausa, bajando la mirada. La culpa asomó en sus ojos azules, pero el agotamiento era mucho más pesado. Llevaba el peso de demasiadas horas de quirófano en los hombros como para jugar al mártir intachable en ese momento. Se llevó el filtro a los labios una vez más, cerrando los ojos mientras la nicotina adormecía temporalmente el temblor de su sistema nervioso y acallaba, aunque fuera un poco, el constante bullicio de su mente.

Cuando volvió a abrir los ojos, esbozó una sonrisa torpe, ladeada y cargada de una honestidad casi infantil, rascándose la nuca con la mano libre.—Pero... de vez en cuando, es lo único que me ayuda a aliviar el estrés después de encadenar tres guardias seguidas. —Soltó una risita nerviosa y apenada, encogiéndose de hombros—. Supongo que soy un pésimo ejemplo a seguir, ¿verdad? Un médico que se destruye la salud a propósito... es bastante patético si lo piensas bien.
Observó el cigarrillo entre sus largos dedos pálidos con una mezcla de repulsión y necesidad. —El tabaco es veneno puro... —murmuró, casi como si se estuviera regañando a sí mismo, con la voz ligeramente rasposa—. Lo sé mejor que nadie. He tenido en mis manos cientos de pulmones ennegrecidos, tejido alveolar completamente necrosado y arterias destruidas a causa de este maldito vicio... Hizo una pausa, bajando la mirada. La culpa asomó en sus ojos azules, pero el agotamiento era mucho más pesado. Llevaba el peso de demasiadas horas de quirófano en los hombros como para jugar al mártir intachable en ese momento. Se llevó el filtro a los labios una vez más, cerrando los ojos mientras la nicotina adormecía temporalmente el temblor de su sistema nervioso y acallaba, aunque fuera un poco, el constante bullicio de su mente. Cuando volvió a abrir los ojos, esbozó una sonrisa torpe, ladeada y cargada de una honestidad casi infantil, rascándose la nuca con la mano libre.—Pero... de vez en cuando, es lo único que me ayuda a aliviar el estrés después de encadenar tres guardias seguidas. —Soltó una risita nerviosa y apenada, encogiéndose de hombros—. Supongo que soy un pésimo ejemplo a seguir, ¿verdad? Un médico que se destruye la salud a propósito... es bastante patético si lo piensas bien.
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