-La ciudad se extendía bajo sus pies, un mar de luces que parpadeaban en la distancia mientras la noche envolvía los edificios con una calma engañosa. En lo alto de la azotea de uno de los edificios de la ciudad, Ryuji permanecía sentado sobre el borde de concreto, completamente relajado, como si la altura no significara nada. Una de sus manos sostenía la empuñadura de su espada clavada a su lado, la hoja rojiza reflejando la luz de la luna, mientras su otra mano descansaba despreocupadamente sobre la superficie fría.
-El viento movía ligeramente su cabello oscuro, dejando al descubierto ese brillo rojizo en su mirada. No estaba vigilando… no estaba esperando… simplemente estaba ahí, como alguien que ya conocía demasiado bien cómo terminan las noches. Sus ojos se desviaron apenas cuando sintió una presencia detrás de él, pero no giró de inmediato, como si no existiera ninguna prisa por reaccionar-
No todos saben llegar hasta aquí arriba… menos a esta hora.
-Finalmente giró un poco el rostro, lo suficiente para mirarte de reojo, con una leve sonrisa que no era del todo amable, pero tampoco hostil. Más bien llena de seguridad-
Si viniste buscando algo… espero que valga la pena la subida.
-El viento movía ligeramente su cabello oscuro, dejando al descubierto ese brillo rojizo en su mirada. No estaba vigilando… no estaba esperando… simplemente estaba ahí, como alguien que ya conocía demasiado bien cómo terminan las noches. Sus ojos se desviaron apenas cuando sintió una presencia detrás de él, pero no giró de inmediato, como si no existiera ninguna prisa por reaccionar-
No todos saben llegar hasta aquí arriba… menos a esta hora.
-Finalmente giró un poco el rostro, lo suficiente para mirarte de reojo, con una leve sonrisa que no era del todo amable, pero tampoco hostil. Más bien llena de seguridad-
Si viniste buscando algo… espero que valga la pena la subida.
-La ciudad se extendía bajo sus pies, un mar de luces que parpadeaban en la distancia mientras la noche envolvía los edificios con una calma engañosa. En lo alto de la azotea de uno de los edificios de la ciudad, Ryuji permanecía sentado sobre el borde de concreto, completamente relajado, como si la altura no significara nada. Una de sus manos sostenía la empuñadura de su espada clavada a su lado, la hoja rojiza reflejando la luz de la luna, mientras su otra mano descansaba despreocupadamente sobre la superficie fría.
-El viento movía ligeramente su cabello oscuro, dejando al descubierto ese brillo rojizo en su mirada. No estaba vigilando… no estaba esperando… simplemente estaba ahí, como alguien que ya conocía demasiado bien cómo terminan las noches. Sus ojos se desviaron apenas cuando sintió una presencia detrás de él, pero no giró de inmediato, como si no existiera ninguna prisa por reaccionar-
No todos saben llegar hasta aquí arriba… menos a esta hora.
-Finalmente giró un poco el rostro, lo suficiente para mirarte de reojo, con una leve sonrisa que no era del todo amable, pero tampoco hostil. Más bien llena de seguridad-
Si viniste buscando algo… espero que valga la pena la subida.