Así que esto era la tierra firme…

Nerisse había visto a los humanos caminar por la orilla incontables veces desde la distancia, pero jamás imaginó cómo se sentiría ser ella quien dejara huellas sobre la arena.

Sus pies se hundían lentamente mientras las olas acariciaban sus tobillos, como si el océano dudara en apartarse de ella. Cada paso era extraño. Sus piernas todavía se sentían ajenas, demasiado frágiles en comparación con la fuerza y facilidad con la que se impulsaba usando su aleta en el mar.

Y aun así…

Había algo que le gustaba.

La brisa rozando su piel, el sonido distante de las gaviotas sobrevolando la costa, aquella sensación desconocida de estar pisando un mundo que siempre había observado a lo lejos.
Así que esto era la tierra firme… Nerisse había visto a los humanos caminar por la orilla incontables veces desde la distancia, pero jamás imaginó cómo se sentiría ser ella quien dejara huellas sobre la arena. Sus pies se hundían lentamente mientras las olas acariciaban sus tobillos, como si el océano dudara en apartarse de ella. Cada paso era extraño. Sus piernas todavía se sentían ajenas, demasiado frágiles en comparación con la fuerza y facilidad con la que se impulsaba usando su aleta en el mar. Y aun así… Había algo que le gustaba. La brisa rozando su piel, el sonido distante de las gaviotas sobrevolando la costa, aquella sensación desconocida de estar pisando un mundo que siempre había observado a lo lejos.
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