Dicen que domino las mareas… y no mienten.
Pero ignoran que no es el océano lo que obedece a mi voluntad, sino la corriente más silenciosa y traicionera: la que habita en cada ser vivo.

No lo uso para someter, ni para destruir… aunque podría.

Lo guardo como se guarda un pecado antiguo: en silencio, en lo profundo… donde nadie pueda verme temblar.
Dicen que domino las mareas… y no mienten. Pero ignoran que no es el océano lo que obedece a mi voluntad, sino la corriente más silenciosa y traicionera: la que habita en cada ser vivo. No lo uso para someter, ni para destruir… aunque podría. Lo guardo como se guarda un pecado antiguo: en silencio, en lo profundo… donde nadie pueda verme temblar.
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