Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así?
El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro.
— Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre.
— Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted.
—Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño.
— No creí que fuera tan duro, señor Balissari.
—En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte?
—No, señor.
—Encárgate del cuerpo.
Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro.
— Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre.
— Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted.
—Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño.
— No creí que fuera tan duro, señor Balissari.
—En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte?
—No, señor.
—Encárgate del cuerpo.
Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así?
El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro.
— Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre.
— Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted.
—Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño.
— No creí que fuera tan duro, señor Balissari.
—En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte?
—No, señor.
—Encárgate del cuerpo.
Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.