Las calles de Ciudad Pentagrama ardían con su caos habitual, pero Lucifer Morningstar caminaba distraído, hundido en sus propios pensamientos. Cada paso lo acercaba más al hotel… y también a una duda que no lograba ignorar.
No temía entrar por Charlie. Temía entrar por él.
Alastor.
Su ausencia había dejado heridas, silencios demasiado largos. Y sabía que Alastor no era alguien que olvidara con facilidad. La idea de mirarlo de frente y encontrar rechazo en sus ojos le pesaba más de lo que quería admitir.
Al llegar, se detuvo justo afuera del Hazbin Hotel. Miró las puertas sin atreverse a cruzarlas, con una extraña tensión en el pecho.
Por primera vez en mucho tiempo, Lucifer Morningstar simplemente se quedó ahí, sin saber si entrar… o marcharse.
No temía entrar por Charlie. Temía entrar por él.
Alastor.
Su ausencia había dejado heridas, silencios demasiado largos. Y sabía que Alastor no era alguien que olvidara con facilidad. La idea de mirarlo de frente y encontrar rechazo en sus ojos le pesaba más de lo que quería admitir.
Al llegar, se detuvo justo afuera del Hazbin Hotel. Miró las puertas sin atreverse a cruzarlas, con una extraña tensión en el pecho.
Por primera vez en mucho tiempo, Lucifer Morningstar simplemente se quedó ahí, sin saber si entrar… o marcharse.
Las calles de Ciudad Pentagrama ardían con su caos habitual, pero Lucifer Morningstar caminaba distraído, hundido en sus propios pensamientos. Cada paso lo acercaba más al hotel… y también a una duda que no lograba ignorar.
No temía entrar por Charlie. Temía entrar por él.
Alastor.
Su ausencia había dejado heridas, silencios demasiado largos. Y sabía que Alastor no era alguien que olvidara con facilidad. La idea de mirarlo de frente y encontrar rechazo en sus ojos le pesaba más de lo que quería admitir.
Al llegar, se detuvo justo afuera del Hazbin Hotel. Miró las puertas sin atreverse a cruzarlas, con una extraña tensión en el pecho.
Por primera vez en mucho tiempo, Lucifer Morningstar simplemente se quedó ahí, sin saber si entrar… o marcharse.