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Riega ante tus hilos;
este rito de paradisos;
húndeme en el trono de tus fauces,
mudo antepasado pernoctado con la asiedad;
temple de los ruegos; más de augurios;
más osados, sesga el puente.
Caen ante tu morada, de rodillas, con el rostro:
al aire se arremangan las lianas del mentir;
me entrego; me devano; instalo la estampa de tus líricos cosenos.
Mis instantes son tan turbios como tus ilícitos corruptos.
¿Quién espera que reviente el estomágo del corazón?
Riegame un río entre tus sienes.
Y escapa de la espada de los lirios;
sino de un si no de un sueño que no pernocta,
el valle de los abismos del espirítu.
Reaspiro el torrente de la acuosidad;
me retiene en líricas almicas;
tan demente; tan irreverente;
tan creciente;
como lo que puedo ser y no ser;
en este mundo de magno juego.
Mi peinar se acrecenta en tus cabellos;
persisten ángeles en ellos;
brindaré por tu paz; esa más amada;
tan de nosotros dos.
Riega ante tus hilos;
este rito de paradisos;
húndeme en el trono de tus fauces,
mudo antepasado pernoctado con la asiedad;
temple de los ruegos; más de augurios;
más osados, sesga el puente.
Caen ante tu morada, de rodillas, con el rostro:
al aire se arremangan las lianas del mentir;
me entrego; me devano; instalo la estampa de tus líricos cosenos.
Mis instantes son tan turbios como tus ilícitos corruptos.
¿Quién espera que reviente el estomágo del corazón?
Riegame un río entre tus sienes.
Y escapa de la espada de los lirios;
sino de un si no de un sueño que no pernocta,
el valle de los abismos del espirítu.
Reaspiro el torrente de la acuosidad;
me retiene en líricas almicas;
tan demente; tan irreverente;
tan creciente;
como lo que puedo ser y no ser;
en este mundo de magno juego.
Mi peinar se acrecenta en tus cabellos;
persisten ángeles en ellos;
brindaré por tu paz; esa más amada;
tan de nosotros dos.
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Riega ante tus hilos;
este rito de paradisos;
húndeme en el trono de tus fauces,
mudo antepasado pernoctado con la asiedad;
temple de los ruegos; más de augurios;
más osados, sesga el puente.
Caen ante tu morada, de rodillas, con el rostro:
al aire se arremangan las lianas del mentir;
me entrego; me devano; instalo la estampa de tus líricos cosenos.
Mis instantes son tan turbios como tus ilícitos corruptos.
¿Quién espera que reviente el estomágo del corazón?
Riegame un río entre tus sienes.
Y escapa de la espada de los lirios;
sino de un si no de un sueño que no pernocta,
el valle de los abismos del espirítu.
Reaspiro el torrente de la acuosidad;
me retiene en líricas almicas;
tan demente; tan irreverente;
tan creciente;
como lo que puedo ser y no ser;
en este mundo de magno juego.
Mi peinar se acrecenta en tus cabellos;
persisten ángeles en ellos;
brindaré por tu paz; esa más amada;
tan de nosotros dos.