La luz entra como si aún creyera en este lugar.

Los vitrales derraman colores sobre mí—rojos, azules, dorados—como bendiciones que ya no sé aceptar. Se arrastran por mi armadura, trepan por la espada apoyada en el suelo, intentan cubrir lo que soy.

Pero no pueden.
La luz entra como si aún creyera en este lugar. Los vitrales derraman colores sobre mí—rojos, azules, dorados—como bendiciones que ya no sé aceptar. Se arrastran por mi armadura, trepan por la espada apoyada en el suelo, intentan cubrir lo que soy. Pero no pueden.
Me gusta
Me encocora
7
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados