— No importa cuántos envíes… todos caen igual de rápido —La idea era clara. Jamás volvería...

El eco de los disparos todavía vibraba entre los muros agrietados cuando Katherina se dejó caer detrás de una columna partida. El aire olía a pólvora y a hierro. Respiró hondo, una vez… dos… obligando a su pulso a desacelerarse mientras contaba mentalmente.

Silencio.

Demasiado silencio.

Entonces sintió el ardor.

Bajó la mirada. Una línea roja se abría paso por su antebrazo, delgada pero insistente, como si la bala hubiera querido llevarse un recuerdo de ella. No había sido un impacto limpio, solo un roce…

—Perfecto… —murmuró irritada.

Con movimientos rápidos, rasgó un trozo del borde de su vestido. La tela cedió con un sonido seco, desigual. No era la primera vez que convertía algo elegante en algo útil. Nunca lo sería.
— No importa cuántos envíes… todos caen igual de rápido —La idea era clara. Jamás volvería... El eco de los disparos todavía vibraba entre los muros agrietados cuando Katherina se dejó caer detrás de una columna partida. El aire olía a pólvora y a hierro. Respiró hondo, una vez… dos… obligando a su pulso a desacelerarse mientras contaba mentalmente. Silencio. Demasiado silencio. Entonces sintió el ardor. Bajó la mirada. Una línea roja se abría paso por su antebrazo, delgada pero insistente, como si la bala hubiera querido llevarse un recuerdo de ella. No había sido un impacto limpio, solo un roce… —Perfecto… —murmuró irritada. Con movimientos rápidos, rasgó un trozo del borde de su vestido. La tela cedió con un sonido seco, desigual. No era la primera vez que convertía algo elegante en algo útil. Nunca lo sería.
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