"Yo no juego a ser Dios — Él debería jugar a ser como yo". Mi nombre ERA Phyllia Roselynn Dusveri. Y digo "era", porque cuando yo estaba viva - o mejor dicho, cuando estaba atada a las patéticas limitaciones de lo que la primitiva biología convencional denomina "VIDA" - solían llamarme así. He renacido desde esos bochornosos ayeres, gracias en total parte a mi intelecto. Los pobres diablos que se me opusieron dijeron...