No importa que tanto mi espada y mis manos se manchen de carmesí, debo preservar la inocencia, aunque poco a poco la mía se vaya corrompiendo. Mi mirada era antes azul como el cielo, ahora es rojo infierno, aunque mi rostro parezca el de un ángel soy lo opuesto.

No importa que tantas cosas haga, jamás alcanzaré la luz, pero al menos otras manos podrán alcanzarla por mi y eso es suficiente.
No importa que tanto mi espada y mis manos se manchen de carmesí, debo preservar la inocencia, aunque poco a poco la mía se vaya corrompiendo. Mi mirada era antes azul como el cielo, ahora es rojo infierno, aunque mi rostro parezca el de un ángel soy lo opuesto. No importa que tantas cosas haga, jamás alcanzaré la luz, pero al menos otras manos podrán alcanzarla por mi y eso es suficiente.
Me encocora
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