Confesiones de un Dios Caído
Categoría Acción
//Rol con 𝐃𝐫𝐚 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐓𝐚𝐤𝐚𝐡𝐚𝐬𝐡𝐢//
El silencio en la consulta no era incómodo… era denso.
No por la falta de palabras, sino por el peso de quien las evitaba.
Zagreo yacía recostado en el sofá como si aquel lugar le perteneciera por derecho divino. Su vestimenta, propia de un dios antiguo, contrastaba con la modernidad del despacho, como si el tiempo mismo hubiera decidido ignorar su presencia. Un brazo descansaba sobre su abdomen, el otro colgaba levemente, relajado… pero no despreocupado.
Sus ojos, entrecerrados, no miraban al techo. Miraban más allá.
Como si observara algo que no estaba en ese mundo.
—Curioso lugar… —murmuró al fin, con una voz grave, tranquila, casi burlona—. Los mortales pagan por ser escuchados… y aun así, mienten.
Un leve suspiro escapó de sus labios.
Entonces, sin girar completamente la cabeza, sus ojos se desviaron hacia ella.
El silencio en la consulta no era incómodo… era denso.
No por la falta de palabras, sino por el peso de quien las evitaba.
Zagreo yacía recostado en el sofá como si aquel lugar le perteneciera por derecho divino. Su vestimenta, propia de un dios antiguo, contrastaba con la modernidad del despacho, como si el tiempo mismo hubiera decidido ignorar su presencia. Un brazo descansaba sobre su abdomen, el otro colgaba levemente, relajado… pero no despreocupado.
Sus ojos, entrecerrados, no miraban al techo. Miraban más allá.
Como si observara algo que no estaba en ese mundo.
—Curioso lugar… —murmuró al fin, con una voz grave, tranquila, casi burlona—. Los mortales pagan por ser escuchados… y aun así, mienten.
Un leve suspiro escapó de sus labios.
Entonces, sin girar completamente la cabeza, sus ojos se desviaron hacia ella.
//Rol con [Samantha_Takahashi]//
El silencio en la consulta no era incómodo… era denso.
No por la falta de palabras, sino por el peso de quien las evitaba.
Zagreo yacía recostado en el sofá como si aquel lugar le perteneciera por derecho divino. Su vestimenta, propia de un dios antiguo, contrastaba con la modernidad del despacho, como si el tiempo mismo hubiera decidido ignorar su presencia. Un brazo descansaba sobre su abdomen, el otro colgaba levemente, relajado… pero no despreocupado.
Sus ojos, entrecerrados, no miraban al techo. Miraban más allá.
Como si observara algo que no estaba en ese mundo.
—Curioso lugar… —murmuró al fin, con una voz grave, tranquila, casi burlona—. Los mortales pagan por ser escuchados… y aun así, mienten.
Un leve suspiro escapó de sus labios.
Entonces, sin girar completamente la cabeza, sus ojos se desviaron hacia ella.
Tipo
Individual
Líneas
Cualquier línea
Estado
Disponible