饾檧饾拲 饾拏饾櫌饾拹饾櫑 饾櫍饾拹 饾拲饾櫋饾拏饾櫌饾拏 饾拏 饾挄饾櫔 饾櫏饾挅饾櫄饾挀饾櫓饾拏
Fandom Legacies
Categor铆a Aventura
饾憜t饾憥r饾憽e饾憻 饾憹a饾憻a: Chris Claire
Había sido ella la que le había dicho a Hope que se fuera, que estaba claro que su vida ya no estaba en ese internado, a pesar de que agradecía el cotilleo del sexo escandaloso con un cazador que le duplicaba la edad, pues era lo más interesante que había ocurrido allí desde que se había quedado completamente sola.
Había sido ella quien le había dicho a Hope que se fuera de allí, que su vida ya no estaba en ese internado. ¿Y a ella? ¿Quién se lo decía a ella? ¿Acaso necesitaba a alguien se lo dijera? ¿No era capaz de verlo por si misma?
Igual era que tenía miedo de abandonar su hogar, quizás fuera eso, pero con MG, Caleb, Josie, y Hope lejos, a ella ya no le quedaba nada allí. Nada más allá de ayudar a su madre y de guiar a los nuevos…
Aquella no era la vida que Lizzie deseaba, por supuesto que no, pero no sabía cómo decírselo a su madre, y ni si quiera sabia, una vez salvada aquella primera barrera, como empezar a conseguir la vida que ella quería, ¿acaso sabia la vida que ella quería?
Por un segundo le vuelve Hope a la cabeza. No, no estaría mal algo de sexo escandaloso con un desconocido buenorro, pero la melliza Saltzman buscaba algo más, quería una historia de película, no quería acomodarse, aquello lo había tenido, con MG, y había servido durante un tiempo, ambos se habían querido, muchísimo, y Lizzie aún era consciente de que debería de haberse dado cuenta de la existencia de su amigo mucho antes, pero ahora aquello ya no servía, MG era calidez, seguridad y costumbre. Pero también se había convertido en algo aburrido. La rubia quería emoción, un amor que la consumiera, aventura, y quizás algo de peligro.
¿Dónde se podrían encontrar eso? Estaba claro que no era algo que fuera a aparecer en la puerta de la escuela buscándola para emprender la aventura de su vida.
No. Debería ir a buscarlo, y lo haría, estaba decidido.
Tanto que aquella mañana Lizzie busca a su madre para informarle de su decisión, pero es ella quien la encuentra primero, y en cuanto la ve, a pesar de que abre los labios para comenzar a hablar, la mayor se adelanta.
— Lizzie cielo, tenemos una visita, un amigo de la familia Mikaelson, creo que busca algo de información, ahora mismo estoy muy ocupada, tengo una reunión con Vardemus, ¿te encargas tú? Tan solo tienes que entretenerlo un poco, hasta que yo pueda atenderlo.
La directora no espera respuesta de su hija, simplemente da un suave apretón en sus manos, las cuales había tomado para hablar con ella y le dedica una sonrisa antes de proseguir su camino, era Caroline en su más pura esencia organizativa.
Ella podría haberla vuelto a llamar, podría haberla seguido, pero con un suspiro de resignación se dirige hacia las escaleras principales, para bajarlas y salir al porche.
— Claro, Lizzie se encarga, porque… ¿qué otra cosa puede tener que hacer ella más que entretener a un tipo aburrido, medio ratón de biblioteca al que solo le interesan los libros que guardamos entre estas paredes?
Habla con ella misma, en voz alta como si nadie más la escuchara, pero al abrir la puerta principal y ver la persona que estaba esperando allí, los ojos de la hereje se agrandan hasta el máximo, y en lugar de salir, pega la espalda contra la madera de la puerta escondiéndose, aún dentro del recinto. — ¡Manifestar al universo funciona!— Se coloca el pelo sobre el hombro derecho, se plancha la ropa con las manos y cuando considera que está lista sale definitivamente.
— ¡Hola, bienvenido a la Escuela Salvatore!, soy Lizzie Saltzman, y has tenido la suerte de que sea tu guía en el día de hoy
Había sido ella la que le había dicho a Hope que se fuera, que estaba claro que su vida ya no estaba en ese internado, a pesar de que agradecía el cotilleo del sexo escandaloso con un cazador que le duplicaba la edad, pues era lo más interesante que había ocurrido allí desde que se había quedado completamente sola.
Había sido ella quien le había dicho a Hope que se fuera de allí, que su vida ya no estaba en ese internado. ¿Y a ella? ¿Quién se lo decía a ella? ¿Acaso necesitaba a alguien se lo dijera? ¿No era capaz de verlo por si misma?
Igual era que tenía miedo de abandonar su hogar, quizás fuera eso, pero con MG, Caleb, Josie, y Hope lejos, a ella ya no le quedaba nada allí. Nada más allá de ayudar a su madre y de guiar a los nuevos…
Aquella no era la vida que Lizzie deseaba, por supuesto que no, pero no sabía cómo decírselo a su madre, y ni si quiera sabia, una vez salvada aquella primera barrera, como empezar a conseguir la vida que ella quería, ¿acaso sabia la vida que ella quería?
Por un segundo le vuelve Hope a la cabeza. No, no estaría mal algo de sexo escandaloso con un desconocido buenorro, pero la melliza Saltzman buscaba algo más, quería una historia de película, no quería acomodarse, aquello lo había tenido, con MG, y había servido durante un tiempo, ambos se habían querido, muchísimo, y Lizzie aún era consciente de que debería de haberse dado cuenta de la existencia de su amigo mucho antes, pero ahora aquello ya no servía, MG era calidez, seguridad y costumbre. Pero también se había convertido en algo aburrido. La rubia quería emoción, un amor que la consumiera, aventura, y quizás algo de peligro.
¿Dónde se podrían encontrar eso? Estaba claro que no era algo que fuera a aparecer en la puerta de la escuela buscándola para emprender la aventura de su vida.
No. Debería ir a buscarlo, y lo haría, estaba decidido.
Tanto que aquella mañana Lizzie busca a su madre para informarle de su decisión, pero es ella quien la encuentra primero, y en cuanto la ve, a pesar de que abre los labios para comenzar a hablar, la mayor se adelanta.
— Lizzie cielo, tenemos una visita, un amigo de la familia Mikaelson, creo que busca algo de información, ahora mismo estoy muy ocupada, tengo una reunión con Vardemus, ¿te encargas tú? Tan solo tienes que entretenerlo un poco, hasta que yo pueda atenderlo.
La directora no espera respuesta de su hija, simplemente da un suave apretón en sus manos, las cuales había tomado para hablar con ella y le dedica una sonrisa antes de proseguir su camino, era Caroline en su más pura esencia organizativa.
Ella podría haberla vuelto a llamar, podría haberla seguido, pero con un suspiro de resignación se dirige hacia las escaleras principales, para bajarlas y salir al porche.
— Claro, Lizzie se encarga, porque… ¿qué otra cosa puede tener que hacer ella más que entretener a un tipo aburrido, medio ratón de biblioteca al que solo le interesan los libros que guardamos entre estas paredes?
Habla con ella misma, en voz alta como si nadie más la escuchara, pero al abrir la puerta principal y ver la persona que estaba esperando allí, los ojos de la hereje se agrandan hasta el máximo, y en lugar de salir, pega la espalda contra la madera de la puerta escondiéndose, aún dentro del recinto. — ¡Manifestar al universo funciona!— Se coloca el pelo sobre el hombro derecho, se plancha la ropa con las manos y cuando considera que está lista sale definitivamente.
— ¡Hola, bienvenido a la Escuela Salvatore!, soy Lizzie Saltzman, y has tenido la suerte de que sea tu guía en el día de hoy
饾憜t饾憥r饾憽e饾憻 饾憹a饾憻a: [SIPH0NER]
Había sido ella la que le había dicho a Hope que se fuera, que estaba claro que su vida ya no estaba en ese internado, a pesar de que agradecía el cotilleo del sexo escandaloso con un cazador que le duplicaba la edad, pues era lo más interesante que había ocurrido allí desde que se había quedado completamente sola.
Había sido ella quien le había dicho a Hope que se fuera de allí, que su vida ya no estaba en ese internado. ¿Y a ella? ¿Quién se lo decía a ella? ¿Acaso necesitaba a alguien se lo dijera? ¿No era capaz de verlo por si misma?
Igual era que tenía miedo de abandonar su hogar, quizás fuera eso, pero con MG, Caleb, Josie, y Hope lejos, a ella ya no le quedaba nada allí. Nada más allá de ayudar a su madre y de guiar a los nuevos…
Aquella no era la vida que Lizzie deseaba, por supuesto que no, pero no sabía cómo decírselo a su madre, y ni si quiera sabia, una vez salvada aquella primera barrera, como empezar a conseguir la vida que ella quería, ¿acaso sabia la vida que ella quería?
Por un segundo le vuelve Hope a la cabeza. No, no estaría mal algo de sexo escandaloso con un desconocido buenorro, pero la melliza Saltzman buscaba algo más, quería una historia de película, no quería acomodarse, aquello lo había tenido, con MG, y había servido durante un tiempo, ambos se habían querido, muchísimo, y Lizzie aún era consciente de que debería de haberse dado cuenta de la existencia de su amigo mucho antes, pero ahora aquello ya no servía, MG era calidez, seguridad y costumbre. Pero también se había convertido en algo aburrido. La rubia quería emoción, un amor que la consumiera, aventura, y quizás algo de peligro.
¿Dónde se podrían encontrar eso? Estaba claro que no era algo que fuera a aparecer en la puerta de la escuela buscándola para emprender la aventura de su vida.
No. Debería ir a buscarlo, y lo haría, estaba decidido.
Tanto que aquella mañana Lizzie busca a su madre para informarle de su decisión, pero es ella quien la encuentra primero, y en cuanto la ve, a pesar de que abre los labios para comenzar a hablar, la mayor se adelanta.
— Lizzie cielo, tenemos una visita, un amigo de la familia Mikaelson, creo que busca algo de información, ahora mismo estoy muy ocupada, tengo una reunión con Vardemus, ¿te encargas tú? Tan solo tienes que entretenerlo un poco, hasta que yo pueda atenderlo.
La directora no espera respuesta de su hija, simplemente da un suave apretón en sus manos, las cuales había tomado para hablar con ella y le dedica una sonrisa antes de proseguir su camino, era Caroline en su más pura esencia organizativa.
Ella podría haberla vuelto a llamar, podría haberla seguido, pero con un suspiro de resignación se dirige hacia las escaleras principales, para bajarlas y salir al porche.
— Claro, Lizzie se encarga, porque… ¿qué otra cosa puede tener que hacer ella más que entretener a un tipo aburrido, medio ratón de biblioteca al que solo le interesan los libros que guardamos entre estas paredes?
Habla con ella misma, en voz alta como si nadie más la escuchara, pero al abrir la puerta principal y ver la persona que estaba esperando allí, los ojos de la hereje se agrandan hasta el máximo, y en lugar de salir, pega la espalda contra la madera de la puerta escondiéndose, aún dentro del recinto. — ¡Manifestar al universo funciona!— Se coloca el pelo sobre el hombro derecho, se plancha la ropa con las manos y cuando considera que está lista sale definitivamente.
— ¡Hola, bienvenido a la Escuela Salvatore!, soy Lizzie Saltzman, y has tenido la suerte de que sea tu guía en el día de hoy
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