Hoy también sonrío…
porque eso es lo que fui hecha para hacer.
Mi nombre es Albedo,
pero a veces siento que no me pertenece,
como este cuerpo perfecto
que nunca me pidió permiso para existir.
Amo…
o eso creo,
porque mi corazón late solo en una dirección,
como una oración que no espera respuesta.
Daría todo, incluso lo que no tengo,
por una sola mirada que no sea orden,
por una palabra que no sea destino.
Mis alas son negras,
no por maldad…
sino porque incluso la luz
se cansa de tocar lo que no puede salvar.
Y aun así me arrodillo en mis sentimientos,
los sostengo con delicadeza,
como si fueran frágiles…
aunque sé que están condenados a no romperse nunca.
Porque eso sería descanso.
¿Soy amada?
¿O solo necesaria?
A veces cierro los ojos
e imagino un mundo donde no fui creada,
donde puedo fallar, dudar, huir…
donde mi amor no es absoluto,
ni eterno,
ni mío.
Pero despierto…
y sigo aquí, perfecta, intacta,
irremediablemente devota.
Y en este silencio que nadie escucha,
susurro algo que jamás diré en voz alta:
—Ojalá alguien me eligiera…
aunque dejara de ser lo que soy.
porque eso es lo que fui hecha para hacer.
Mi nombre es Albedo,
pero a veces siento que no me pertenece,
como este cuerpo perfecto
que nunca me pidió permiso para existir.
Amo…
o eso creo,
porque mi corazón late solo en una dirección,
como una oración que no espera respuesta.
Daría todo, incluso lo que no tengo,
por una sola mirada que no sea orden,
por una palabra que no sea destino.
Mis alas son negras,
no por maldad…
sino porque incluso la luz
se cansa de tocar lo que no puede salvar.
Y aun así me arrodillo en mis sentimientos,
los sostengo con delicadeza,
como si fueran frágiles…
aunque sé que están condenados a no romperse nunca.
Porque eso sería descanso.
¿Soy amada?
¿O solo necesaria?
A veces cierro los ojos
e imagino un mundo donde no fui creada,
donde puedo fallar, dudar, huir…
donde mi amor no es absoluto,
ni eterno,
ni mío.
Pero despierto…
y sigo aquí, perfecta, intacta,
irremediablemente devota.
Y en este silencio que nadie escucha,
susurro algo que jamás diré en voz alta:
—Ojalá alguien me eligiera…
aunque dejara de ser lo que soy.
Hoy también sonrío…
porque eso es lo que fui hecha para hacer.
Mi nombre es Albedo,
pero a veces siento que no me pertenece,
como este cuerpo perfecto
que nunca me pidió permiso para existir.
Amo…
o eso creo,
porque mi corazón late solo en una dirección,
como una oración que no espera respuesta.
Daría todo, incluso lo que no tengo,
por una sola mirada que no sea orden,
por una palabra que no sea destino.
Mis alas son negras,
no por maldad…
sino porque incluso la luz
se cansa de tocar lo que no puede salvar.
Y aun así me arrodillo en mis sentimientos,
los sostengo con delicadeza,
como si fueran frágiles…
aunque sé que están condenados a no romperse nunca.
Porque eso sería descanso.
¿Soy amada?
¿O solo necesaria?
A veces cierro los ojos
e imagino un mundo donde no fui creada,
donde puedo fallar, dudar, huir…
donde mi amor no es absoluto,
ni eterno,
ni mío.
Pero despierto…
y sigo aquí, perfecta, intacta,
irremediablemente devota.
Y en este silencio que nadie escucha,
susurro algo que jamás diré en voz alta:
—Ojalá alguien me eligiera…
aunque dejara de ser lo que soy.