Allí estaba ese gato negro, nuevamente.
Keith lo notaba seguido en el vecindario, sin rumbo aparente. Nunca le llamó particularmente la atención, después de todo, aunque ambiguo, él interpretaba su objetivo enfocado en los humanos, todo aquello fuera de esa categoría o no relacionado no era de su interés principal... pero este felino era diferente, parecía entender que él no era como el resto, siempre lo observaba al caminar por el vecindario con contacto visual directo, no como quien busca comida o una caricia.
Lo que inició como una coincidencia se volvió una rutina, un acondicionamiento mutuo donde parecían esperar un movimiento del contrario que rompiera aquello que se había construido.
Y otra vez.
El felino no huía.
Keith lo observó por unos segundos demás, inclinó ligeramente la cabeza, replicando un gesto más aprendido que comprendido.
Una variable que no había calculado previamente emergió. No era una prioridad, pero lo ejecutó de todas formas. Su trayectoria habitual se desvió.
Fue suficiente para inestabilizar su software.
Keith lo notaba seguido en el vecindario, sin rumbo aparente. Nunca le llamó particularmente la atención, después de todo, aunque ambiguo, él interpretaba su objetivo enfocado en los humanos, todo aquello fuera de esa categoría o no relacionado no era de su interés principal... pero este felino era diferente, parecía entender que él no era como el resto, siempre lo observaba al caminar por el vecindario con contacto visual directo, no como quien busca comida o una caricia.
Lo que inició como una coincidencia se volvió una rutina, un acondicionamiento mutuo donde parecían esperar un movimiento del contrario que rompiera aquello que se había construido.
Y otra vez.
El felino no huía.
Keith lo observó por unos segundos demás, inclinó ligeramente la cabeza, replicando un gesto más aprendido que comprendido.
Una variable que no había calculado previamente emergió. No era una prioridad, pero lo ejecutó de todas formas. Su trayectoria habitual se desvió.
Fue suficiente para inestabilizar su software.
Allí estaba ese gato negro, nuevamente.
Keith lo notaba seguido en el vecindario, sin rumbo aparente. Nunca le llamó particularmente la atención, después de todo, aunque ambiguo, él interpretaba su objetivo enfocado en los humanos, todo aquello fuera de esa categoría o no relacionado no era de su interés principal... pero este felino era diferente, parecía entender que él no era como el resto, siempre lo observaba al caminar por el vecindario con contacto visual directo, no como quien busca comida o una caricia.
Lo que inició como una coincidencia se volvió una rutina, un acondicionamiento mutuo donde parecían esperar un movimiento del contrario que rompiera aquello que se había construido.
Y otra vez.
El felino no huía.
Keith lo observó por unos segundos demás, inclinó ligeramente la cabeza, replicando un gesto más aprendido que comprendido.
Una variable que no había calculado previamente emergió. No era una prioridad, pero lo ejecutó de todas formas. Su trayectoria habitual se desvió.
Fue suficiente para inestabilizar su software.