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El cielo de Brattvåg se ha teñido de azul zafiro... Hay algo profundamente poético en que Kazuo pida milagros para otros justo el día en que su propia vida suma una primavera más.

Así es él, así es la persona detrás del zorrito

Hoy celebro tu vida alma hermosa♡
​Eres de esas personas que no necesitan forzar el destino, simplemente escribes y la magia sucede. Tienes el don de trazar caminos tan bellos que sin importar la vida, el mundo o la piel que habitemos, siempre terminas conquistando el corazón de Elizabeth jaja, gracias por ser amante del drama y compartir la misma intensidad por lo que hacemos
No te lo digo seguido, pero te quiero y me siento afortunada de poder conocerte a lo largo de estos años, larga vidaaa a mi persona fav de FR!!

​Que la diosa Inari te colme de la misma abundancia que Kazuo pidió para su pueblo y que nunca dejemos de encontrarnos
El cielo de Brattvåg se ha teñido de azul zafiro... Hay algo profundamente poético en que Kazuo pida milagros para otros justo el día en que su propia vida suma una primavera más. Así es él, así es la persona detrás del zorrito Hoy celebro tu vida alma hermosa♡ ​Eres de esas personas que no necesitan forzar el destino, simplemente escribes y la magia sucede. Tienes el don de trazar caminos tan bellos que sin importar la vida, el mundo o la piel que habitemos, siempre terminas conquistando el corazón de Elizabeth jaja, gracias por ser amante del drama y compartir la misma intensidad por lo que hacemos No te lo digo seguido, pero te quiero y me siento afortunada de poder conocerte a lo largo de estos años, larga vidaaa a mi persona fav de FR!! ​Que la diosa Inari te colme de la misma abundancia que Kazuo pidió para su pueblo y que nunca dejemos de encontrarnos 🫂
Kazuo caminó durante varios días por el bosque, implorando que la senda se abriera para atravesar aquel umbral que lo llevaba a las tierras de Brattvåg.

Finalmente, después de tres días caminando casi sin descanso, el bosque se abrió. A lo lejos pudo divisar el bastión fortificado custodiado por la reina escarlata.

Kazuo soltó un trémulo suspiro que rompió el silencio de la noche. Al fin había regresado.

Le había dicho a Elizabeth que su ausencia podría durar unos tres días aproximadamente; y que, si pasaba de ese tiempo, si el bosque no le daba paso, podrían ser meses. Su tarea y su viaje por el bosque se habían prolongado hasta sobrepasar una semana entera.

Deseaba con todas sus fuerzas volver a Brattvåg e ir en busca de ella. Pero aún tenía que hacer algo más: enviar a su diosa una última oración, una propia por primera vez en su vida.

Aquel día, Kazuo cumplía mil doscientos treinta y tres años. Y tan solo quería un pequeño regalo: que su diosa de la cosecha y la abundancia hiciera que los cultivos de Brattvåg prosperasen. Que aquella mañana, cuando los agricultores vieran sus tierras, creyeran en los milagros. Que comprendieran que la esperanza era lo último que debían perder, que la lucha y el esfuerzo merecían recompensa.

Esa noche, el cielo se tiñó de azul. El kitsune danzó para Inari, elevando su oración a los cielos. A lo lejos se verían estelas de color zafiro, su color distintivo.

Kazuo sabía que aquello podría alertar a los soldados de Brattvåg. Pero también sabía que ella reconocería aquel color tan particular.

En caso de que viera a los soldados dirigirse hacia él, desaparecería entre las sombras para no ser reconocido. O incluso dejaría que su verdadera forma se hiciera presente para mantenerse en el anonimato.
Me encocora
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