𝕬ñ𝖔 206 𝕬.𝕮.
Se encontraba completamente perdida. Su mirada llena de confusion. No sabía dónde estaba… ni siquiera podía recordaba quién era. A su alrededor, se extendía un vasto y perturbador mar de cuerpos, inertes, bañados en sangre… demasiada sangre.
Podía sentir el sabor metálico invadiendo toda su boca. Sangre. ¿Su sangre o la de alguien más?
Aunque intentará comprender, su mente era un vacío abrumador, incapaz de darle sentido a su situación.
Resignada a permanecer en aquel lugar, comenzó a incorporarse con lentitud, como si el propio aire pesara sobre su cuerpo. Sus manos temblorosas se apoyaron contra el suelo húmedo, impregnado de sangre, mientras hacía un esfuerzo por ponerse de pie.
Pero apenas logró erguirse por completo, un dolor agudo y punzante atravesó su cabeza, como si algo dentro de ella se desgarrara de golpe.
Y entonces… todo volvió.
Su vida pasó frente a sus ojos como una película rota. Fragmentos de su niñez aparecieron primero: risas suaves, el calor de un hogar que alguna vez fue suyo, las manos firmes de su padre guiándola con una ternura que ahora dolía recordar. Y luego 𝐄𝐋.
𝐄𝐒𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄…
Su presencia irrumpió en sus recuerdos como una sombra que lo devoraba todo. Todo había sido su culpa. Todo por un capricho. Por culpa de 𝐄𝐋.
Su mirada descendió apenas. No se había atrevido a hacerlo desde que los recuerdos regresaron, desde que la verdad de lo que pasó regresó a ella.
Y ahí estaba, aquella figura que una vez la había amado tanto, tirado en el frío piso, inerte junto a los escombros de lo que había sido su familia alguna vez. Su padre.
Caería a el piso de rodillas. Había comprendido lo que había pasado. Ella había causado todo. Ella los había matado.
Se encontraba completamente perdida. Su mirada llena de confusion. No sabía dónde estaba… ni siquiera podía recordaba quién era. A su alrededor, se extendía un vasto y perturbador mar de cuerpos, inertes, bañados en sangre… demasiada sangre.
Podía sentir el sabor metálico invadiendo toda su boca. Sangre. ¿Su sangre o la de alguien más?
Aunque intentará comprender, su mente era un vacío abrumador, incapaz de darle sentido a su situación.
Resignada a permanecer en aquel lugar, comenzó a incorporarse con lentitud, como si el propio aire pesara sobre su cuerpo. Sus manos temblorosas se apoyaron contra el suelo húmedo, impregnado de sangre, mientras hacía un esfuerzo por ponerse de pie.
Pero apenas logró erguirse por completo, un dolor agudo y punzante atravesó su cabeza, como si algo dentro de ella se desgarrara de golpe.
Y entonces… todo volvió.
Su vida pasó frente a sus ojos como una película rota. Fragmentos de su niñez aparecieron primero: risas suaves, el calor de un hogar que alguna vez fue suyo, las manos firmes de su padre guiándola con una ternura que ahora dolía recordar. Y luego 𝐄𝐋.
𝐄𝐒𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄…
Su presencia irrumpió en sus recuerdos como una sombra que lo devoraba todo. Todo había sido su culpa. Todo por un capricho. Por culpa de 𝐄𝐋.
Su mirada descendió apenas. No se había atrevido a hacerlo desde que los recuerdos regresaron, desde que la verdad de lo que pasó regresó a ella.
Y ahí estaba, aquella figura que una vez la había amado tanto, tirado en el frío piso, inerte junto a los escombros de lo que había sido su familia alguna vez. Su padre.
Caería a el piso de rodillas. Había comprendido lo que había pasado. Ella había causado todo. Ella los había matado.
𝕬ñ𝖔 206 𝕬.𝕮.
Se encontraba completamente perdida. Su mirada llena de confusion. No sabía dónde estaba… ni siquiera podía recordaba quién era. A su alrededor, se extendía un vasto y perturbador mar de cuerpos, inertes, bañados en sangre… demasiada sangre.
Podía sentir el sabor metálico invadiendo toda su boca. Sangre. ¿Su sangre o la de alguien más?
Aunque intentará comprender, su mente era un vacío abrumador, incapaz de darle sentido a su situación.
Resignada a permanecer en aquel lugar, comenzó a incorporarse con lentitud, como si el propio aire pesara sobre su cuerpo. Sus manos temblorosas se apoyaron contra el suelo húmedo, impregnado de sangre, mientras hacía un esfuerzo por ponerse de pie.
Pero apenas logró erguirse por completo, un dolor agudo y punzante atravesó su cabeza, como si algo dentro de ella se desgarrara de golpe.
Y entonces… todo volvió.
Su vida pasó frente a sus ojos como una película rota. Fragmentos de su niñez aparecieron primero: risas suaves, el calor de un hogar que alguna vez fue suyo, las manos firmes de su padre guiándola con una ternura que ahora dolía recordar. Y luego 𝐄𝐋.
𝐄𝐒𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄…
Su presencia irrumpió en sus recuerdos como una sombra que lo devoraba todo. Todo había sido su culpa. Todo por un capricho. Por culpa de 𝐄𝐋.
Su mirada descendió apenas. No se había atrevido a hacerlo desde que los recuerdos regresaron, desde que la verdad de lo que pasó regresó a ella.
Y ahí estaba, aquella figura que una vez la había amado tanto, tirado en el frío piso, inerte junto a los escombros de lo que había sido su familia alguna vez. Su padre.
Caería a el piso de rodillas. Había comprendido lo que había pasado. Ella había causado todo. Ella los había matado.