—¿Sabes el dolor que te recorre el alma... cuando uno de los tuyos está acorralado entre aquellos con los que alguna vez rieron y fueron felices?...

Su voz se quebró, pesada por una angustia que su cuerpo mortal a duras penas lograba contener. Raziel se arrodilló sobre el frío suelo, buscando en la penumbra de su refugio alguna señal de esa luz divina que los había abandonado.

—Hoy lo experimenté de nuevo, Padre —susurró, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas finalmente escapaban—. Reviví ese amargo sabor de ver a quienes amaba ser unos asesinos sin piedad. Encontré a uno de mis hermanos... pero ellos también lo encontraron.

Apretó los puños contra el pecho, justo donde el vacío de su divinidad amputada más le dolía.

—Tú me hiciste la Guardiana de tus Secretos. Conozco el nombre de cada ángel que conformaba ese escuadrón de ejecución. Sé cuáles eran sus anhelos cuando el universo aún era joven. Recuerdo la calidez de su luz y la devoción con la que alguna vez cantamos juntos. Y hoy... tuve que ver cómo esa misma luz se usaba para acorralar y despedazar a nuestra propia sangre. Los cazadores que descendieron no llevaban rostros de monstruos; llevaban las sonrisas de nuestros amigos.

Alzó el rostro hacia la oscuridad del techo, con los ojos dorados brillando de pura impotencia.

—Mi intelecto solía abarcar el cosmos entero, pero esta cacería desafía cualquier lógica. Si nos dejaste aquí a oscuras para que aprendiéramos una lección, te suplico que la reveles ya... Porque el Cielo se está desangrando sobre la Tierra, y ver a tus hijos exterminándose entre sí me está arrebatando la cordura.
—¿Sabes el dolor que te recorre el alma... cuando uno de los tuyos está acorralado entre aquellos con los que alguna vez rieron y fueron felices?... Su voz se quebró, pesada por una angustia que su cuerpo mortal a duras penas lograba contener. Raziel se arrodilló sobre el frío suelo, buscando en la penumbra de su refugio alguna señal de esa luz divina que los había abandonado. —Hoy lo experimenté de nuevo, Padre —susurró, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas finalmente escapaban—. Reviví ese amargo sabor de ver a quienes amaba ser unos asesinos sin piedad. Encontré a uno de mis hermanos... pero ellos también lo encontraron. Apretó los puños contra el pecho, justo donde el vacío de su divinidad amputada más le dolía. —Tú me hiciste la Guardiana de tus Secretos. Conozco el nombre de cada ángel que conformaba ese escuadrón de ejecución. Sé cuáles eran sus anhelos cuando el universo aún era joven. Recuerdo la calidez de su luz y la devoción con la que alguna vez cantamos juntos. Y hoy... tuve que ver cómo esa misma luz se usaba para acorralar y despedazar a nuestra propia sangre. Los cazadores que descendieron no llevaban rostros de monstruos; llevaban las sonrisas de nuestros amigos. Alzó el rostro hacia la oscuridad del techo, con los ojos dorados brillando de pura impotencia. —Mi intelecto solía abarcar el cosmos entero, pero esta cacería desafía cualquier lógica. Si nos dejaste aquí a oscuras para que aprendiéramos una lección, te suplico que la reveles ya... Porque el Cielo se está desangrando sobre la Tierra, y ver a tus hijos exterminándose entre sí me está arrebatando la cordura.
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