Había sido un día largo en la oficina, de esos tan mundanos como los recordaba, redactando y publicando artículos sobre los últimos acontecimientos que sucedían en la ciudad sin nada que destacara demasiado. Como en mis inicios… hasta que conocí a Ben. Su recuerdo aún le dolía. La culpa, supuso. Esa que nunca se iría del todo, lamentaba.

Sus pies descalzos deambulaban por la tarima de su salón, sosteniendo el “New York Bulletin” de esa semana, sintiéndose decepcionada de sí misma. Entendía que no podía exponer todos los días a quienes se creían estar por encima de la ley, aquellos que actúan entre las sombras, a escondidas como las ratas cobardes que son, con el fin de obtener poder en todos los sentidos, no solo a nivel adquisitivo. Dejando tras ellos, un reguero de crímenes sin su correspondiente castigo.

Es ahí donde la querían todos ellos, y ahí estaba en esos momentos, sí, pero está bien, que se relajaran y cometieran errores, pues Page volvería para golpear con más fuerza y hundirlos en la miseria hasta verlos entre rejas. Solo estaba esperando una oportunidad, un solo hilo del que tirar. Entonces volverían a caer uno tras otro, como piezas de dominó.

Dejó el periódico sobre la mesa baja y se sentó pesadamente sobre el sofá, dejando escapar un largo suspiro. Eran las diez de la noche, ya debía irse a dormir. Estaba preparada para ello, de hecho; vistiendo un pijama largo de algodón. Probablemente se quedara dormida entre la comodidad del sofá.
Había sido un día largo en la oficina, de esos tan mundanos como los recordaba, redactando y publicando artículos sobre los últimos acontecimientos que sucedían en la ciudad sin nada que destacara demasiado. Como en mis inicios… hasta que conocí a Ben. Su recuerdo aún le dolía. La culpa, supuso. Esa que nunca se iría del todo, lamentaba. Sus pies descalzos deambulaban por la tarima de su salón, sosteniendo el “New York Bulletin” de esa semana, sintiéndose decepcionada de sí misma. Entendía que no podía exponer todos los días a quienes se creían estar por encima de la ley, aquellos que actúan entre las sombras, a escondidas como las ratas cobardes que son, con el fin de obtener poder en todos los sentidos, no solo a nivel adquisitivo. Dejando tras ellos, un reguero de crímenes sin su correspondiente castigo. Es ahí donde la querían todos ellos, y ahí estaba en esos momentos, sí, pero está bien, que se relajaran y cometieran errores, pues Page volvería para golpear con más fuerza y hundirlos en la miseria hasta verlos entre rejas. Solo estaba esperando una oportunidad, un solo hilo del que tirar. Entonces volverían a caer uno tras otro, como piezas de dominó. Dejó el periódico sobre la mesa baja y se sentó pesadamente sobre el sofá, dejando escapar un largo suspiro. Eran las diez de la noche, ya debía irse a dormir. Estaba preparada para ello, de hecho; vistiendo un pijama largo de algodón. Probablemente se quedara dormida entre la comodidad del sofá.
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