Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula.
Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos.
Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo.
Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca.
Afilada.
El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos.
Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo.
Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca.
Afilada.
El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula.
Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos.
Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo.
Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca.
Afilada.
El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
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