╭─────── ✦ ───────╮

No era su territorio.

Y por eso mismo, le gustaba.

El mármol claro aún guardaba el calor del día, aunque la noche ya se había instalado con elegancia sobre las cúpulas lejanas. El aire olía a agua tranquila y flores dulces… demasiado perfecto para alguien como ella.

Un viaje.

Eso se había dicho.

Distancia.

Silencio.

Olvidar, aunque fuera por unas horas, el peso de la sangre y las decisiones que nunca se deshacen.

Sentada al borde, con los pies rozando apenas la superficie del agua, dejó que las ondas se formaran sin intención. Su mirada no estaba vacía… pero tampoco fija.

Solo… abierta.

Como si esperara que el mundo hiciera algo interesante por primera vez en mucho tiempo.

— Qué aburrido…—

Murmuró, más para la noche que para alguien en particular.

Sus dedos jugaron con las cadenas doradas de su muñeca, dejando que tintinearan suave, como un llamado disfrazado de distracción.

No estaba cazando.

No exactamente.

Pero tampoco había olvidado cómo hacerlo.

Entonces—

El agua cambió.

Apenas.

Un quiebre sutil en la armonía.

Sus ojos se entrecerraron lo suficiente para notarlo.

No se giró.

No todavía.

Pero su mano descendió, lenta, encontrando el cuchillo oculto entre la tela como si nunca hubiera estado realmente fuera de alcance.

No lo levantó.

Solo lo sostuvo.

— Hm…—

Una exhalación ligera.

Casi divertida.

— Al fin—

Esta vez, sí giró un poco el rostro.

Lo justo.

Lo necesario.

— Pensé que tendría que fingir interés toda la noche—

Su sonrisa no fue cálida.

Fue honesta.

Y eso la hacía peor.

El agua volvió a moverse.

Más claro.

Más cerca.

Y ella no se levantó.

Ni retrocedió.

Siguió ahí, al borde…

Como si el peligro fuera parte del paisaje.

╰─────── ✦ ───────╯
╭─────── ✦ ───────╮ No era su territorio. Y por eso mismo, le gustaba. El mármol claro aún guardaba el calor del día, aunque la noche ya se había instalado con elegancia sobre las cúpulas lejanas. El aire olía a agua tranquila y flores dulces… demasiado perfecto para alguien como ella. Un viaje. Eso se había dicho. Distancia. Silencio. Olvidar, aunque fuera por unas horas, el peso de la sangre y las decisiones que nunca se deshacen. Sentada al borde, con los pies rozando apenas la superficie del agua, dejó que las ondas se formaran sin intención. Su mirada no estaba vacía… pero tampoco fija. Solo… abierta. Como si esperara que el mundo hiciera algo interesante por primera vez en mucho tiempo. — Qué aburrido…— Murmuró, más para la noche que para alguien en particular. Sus dedos jugaron con las cadenas doradas de su muñeca, dejando que tintinearan suave, como un llamado disfrazado de distracción. No estaba cazando. No exactamente. Pero tampoco había olvidado cómo hacerlo. Entonces— El agua cambió. Apenas. Un quiebre sutil en la armonía. Sus ojos se entrecerraron lo suficiente para notarlo. No se giró. No todavía. Pero su mano descendió, lenta, encontrando el cuchillo oculto entre la tela como si nunca hubiera estado realmente fuera de alcance. No lo levantó. Solo lo sostuvo. — Hm…— Una exhalación ligera. Casi divertida. — Al fin— Esta vez, sí giró un poco el rostro. Lo justo. Lo necesario. — Pensé que tendría que fingir interés toda la noche— Su sonrisa no fue cálida. Fue honesta. Y eso la hacía peor. El agua volvió a moverse. Más claro. Más cerca. Y ella no se levantó. Ni retrocedió. Siguió ahí, al borde… Como si el peligro fuera parte del paisaje. ╰─────── ✦ ───────╯
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