-El sonido seco de los golpes aún parecía resonar en las paredes del gimnasio, aunque ya no quedaba nadie más. El aire estaba cargado, denso, mezclado con el olor a sudor y esfuerzo reciente.
Leon dejó escapar un suspiro pesado mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas por unos segundos antes de enderezarse. Una gota de sudor recorrió su sien hasta la mandíbula, pero no se molestó en limpiarla de inmediato. Estaba acostumbrado.-


Tch… nada mal

—murmuró para sí mismo, aunque su tono no sonaba del todo satisfecho.
Se llevó una mano a la nuca, estirando los músculos con lentitud. El entrenamiento había sido más duro de lo habitual o quizá él mismo había decidido llevarse al límite otra vez. No era raro en él.
Caminó hacia una banca cercana, tomando la toalla que había dejado ahí. Se la pasó por el rostro y el cuello con movimientos firmes, intentando bajar la intensidad que aún ardía en su cuerpo.
Pero su mente no estaba en calma.
Siempre volvía a lo mismo.
Misiones. Errores. Rostros.
Apretó ligeramente la tela entre sus dedos.-

…Aún no es suficiente.

-Su voz fue apenas un susurro, más una confesión que una queja.-
-El sonido seco de los golpes aún parecía resonar en las paredes del gimnasio, aunque ya no quedaba nadie más. El aire estaba cargado, denso, mezclado con el olor a sudor y esfuerzo reciente. Leon dejó escapar un suspiro pesado mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas por unos segundos antes de enderezarse. Una gota de sudor recorrió su sien hasta la mandíbula, pero no se molestó en limpiarla de inmediato. Estaba acostumbrado.- Tch… nada mal —murmuró para sí mismo, aunque su tono no sonaba del todo satisfecho. Se llevó una mano a la nuca, estirando los músculos con lentitud. El entrenamiento había sido más duro de lo habitual o quizá él mismo había decidido llevarse al límite otra vez. No era raro en él. Caminó hacia una banca cercana, tomando la toalla que había dejado ahí. Se la pasó por el rostro y el cuello con movimientos firmes, intentando bajar la intensidad que aún ardía en su cuerpo. Pero su mente no estaba en calma. Siempre volvía a lo mismo. Misiones. Errores. Rostros. Apretó ligeramente la tela entre sus dedos.- …Aún no es suficiente. -Su voz fue apenas un susurro, más una confesión que una queja.-
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