. La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento.
No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años?
Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas.
La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia.
Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años?
Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas.
La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia.
Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
🥀. La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento.
No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años?
Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas.
La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia.
Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.