Las luces ya se habían apagado y el tráiler de la primera película estaba a punto de terminar, pero Jack Ross aún estaba en la puerta, debatiéndose entre entrar o esperarla un poco más. Sus dedos ya habían empezado a saquear la bolsa de palomitas de maíz, el aroma a mantequilla caliente llenaba el aire nocturno alrededor de la entrada del cine.
Miró su teléfono: ni un mensaje. Quizás se había equivocado de hora... o de día.
— Bueno, más palomitas para mí si no viene... — murmuró para sí mismo, soltando un suspiro que empañó el aire frío. Se acomodó la capucha, sintiendo la duda. ¿Entraba solo o se quedaba un rato más?
Miró su teléfono: ni un mensaje. Quizás se había equivocado de hora... o de día.
— Bueno, más palomitas para mí si no viene... — murmuró para sí mismo, soltando un suspiro que empañó el aire frío. Se acomodó la capucha, sintiendo la duda. ¿Entraba solo o se quedaba un rato más?
Las luces ya se habían apagado y el tráiler de la primera película estaba a punto de terminar, pero Jack Ross aún estaba en la puerta, debatiéndose entre entrar o esperarla un poco más. Sus dedos ya habían empezado a saquear la bolsa de palomitas de maíz, el aroma a mantequilla caliente llenaba el aire nocturno alrededor de la entrada del cine.
Miró su teléfono: ni un mensaje. Quizás se había equivocado de hora... o de día.
— Bueno, más palomitas para mí si no viene... — murmuró para sí mismo, soltando un suspiro que empañó el aire frío. Se acomodó la capucha, sintiendo la duda. ¿Entraba solo o se quedaba un rato más?