Había pasado el día encerrada, evitando cualquier contacto, temiendo cruzarse con el sanador y tener que enfrentar algo que aun no estaba dispuesta ni preparada para hacer.
Los pasadizos secretos de la salida real tenían varios accesos, uno de ellos comenzaba desde su habitación, estos los construyeron para huidas desesperadas en tiempos de guerra.
Al recorrerlos te llevaba a una especie de catacumba abierta hacia el mar.
Necesitaba que el frío de la costa entumeciera sus pensamientos para poder finalmente diseccionarlos.
Salió al exterior sintiéndose vulnerable, despojada de su armadura y de la rigidez de su rango. Vestía apenas una túnica de lino ligero que el viento marino pegaba a su figura, revelando su silueta sin las distracciones de las pesadas telas reales. Descalza sobre la piedra fría, sentía que el aislamiento era su única protección contra la confusión que la devoraba, respiró hondo... pero entonces, el ruido en la oscuridad de la catatumba la obligó a salir de su trance. Estaba indefensa, mientras sus ojos rojos intentaban perforar la obscuridad a sus espaldas.
✴ ─ ¿Quién anda ahí?
Los pasadizos secretos de la salida real tenían varios accesos, uno de ellos comenzaba desde su habitación, estos los construyeron para huidas desesperadas en tiempos de guerra.
Al recorrerlos te llevaba a una especie de catacumba abierta hacia el mar.
Necesitaba que el frío de la costa entumeciera sus pensamientos para poder finalmente diseccionarlos.
Salió al exterior sintiéndose vulnerable, despojada de su armadura y de la rigidez de su rango. Vestía apenas una túnica de lino ligero que el viento marino pegaba a su figura, revelando su silueta sin las distracciones de las pesadas telas reales. Descalza sobre la piedra fría, sentía que el aislamiento era su única protección contra la confusión que la devoraba, respiró hondo... pero entonces, el ruido en la oscuridad de la catatumba la obligó a salir de su trance. Estaba indefensa, mientras sus ojos rojos intentaban perforar la obscuridad a sus espaldas.
✴ ─ ¿Quién anda ahí?
Había pasado el día encerrada, evitando cualquier contacto, temiendo cruzarse con el sanador y tener que enfrentar algo que aun no estaba dispuesta ni preparada para hacer.
Los pasadizos secretos de la salida real tenían varios accesos, uno de ellos comenzaba desde su habitación, estos los construyeron para huidas desesperadas en tiempos de guerra.
Al recorrerlos te llevaba a una especie de catacumba abierta hacia el mar.
Necesitaba que el frío de la costa entumeciera sus pensamientos para poder finalmente diseccionarlos.
Salió al exterior sintiéndose vulnerable, despojada de su armadura y de la rigidez de su rango. Vestía apenas una túnica de lino ligero que el viento marino pegaba a su figura, revelando su silueta sin las distracciones de las pesadas telas reales. Descalza sobre la piedra fría, sentía que el aislamiento era su única protección contra la confusión que la devoraba, respiró hondo... pero entonces, el ruido en la oscuridad de la catatumba la obligó a salir de su trance. Estaba indefensa, mientras sus ojos rojos intentaban perforar la obscuridad a sus espaldas.
✴ ─ ¿Quién anda ahí?