Parte 5....

El día se llegó, Albel, tomó el autobús junto con María y la pequeña Lupita, 6 horas y 45 minutos era la distancia para llegar al tren que los llevaría al hospital; sin duda era una travesía constante para la mujer y la pequeña, en el lugar donde les tocó estaba una mujer mayor de piel sumamente oscura, la cual portaba un tanque de oxígeno, la menor por ser pequeña no dejaba de observarla con curiosidad, ese tren lo había puesto el gobierno para las personas con bajos recursos, por ende todo el tiempo estaba saturado, personas de diferentes culturas y razas podían apreciarse ahí. 

— Mira, mira, los cerros ya se pusieron verdes otra vez, mami. 
— Si mi amor, ya está en camino la primavera.

Era asombroso para Lupita, pues la última vez que viajó en el tren, los cerros estaban cobijados con la blanca nieve del invierno, B solo la contempló con una tenue sonrisa en la comisura entre los labios, posó la mirada en aquel lugar, recordando los detalles tan simples que a su rosa de invierno la hacían feliz. 

El monstruo de metal siguió su curso, unas cuantas pláticas sencillas entre María y él, todo tranquilo y claro como dos viejos amigos, los rayos de sol se disminuyeron, la media tarde ya estaba tocando la puerta, el frágil cuerpo de la infanta estaba recargado en el costado del mayor; el cansancio de haber salido temprano le había ganado. 

—PRIMERA PARADA, NUEVA ESPERANZA EN 5 MINUTOS, REPITO, EN 5 MINUTOS.

Una voz se escuchó; los pasajeros que estaban destinados comenzaron a tomar sus pertenencias. Las ruedas del tren comenzaron a cesar, lentamente.  — Lupita, mi amor, despierta, cariño, ya llegamos. - Dijo con suavidad María que había tomado a la pequeña entre sus brazos. 
  
—Déjame llevarla, tomas las pertenencias, sigue adormilada. - Musitó Abel al ver que Lupita seguía dormida sin ningún esfuerzo, la cargó, colocando la cabeza de la pequeña en su hombro, María los contemplaba, pidiéndole a Dios que él se quedara con ellas para siempre. Detrás de unas cuantas personas, salieron los tres, el hospital era sumamente grande; a B no le sorprendía demasiado; alrededor del mundo había centros de salud más especializados y colosales.

El tren siguió su curso, ellos entraron al lugar, donde los recibieron con mucha amabilidad, la pequeña a duras penas logró despertarse, ellos eran el turno número 50, Abel entendía por qué María desaparecía dos días, el camino absorbía bastante tiempo.

— Mami, ¿Ya casi nos toca?.- Preguntó Lupita, con enfado.
— En un momento más cariño, se paciente. 
— Mami, no veo a Ángel, mi amiguita, ¿Puedo ir a buscarla, en lo que me toca?.- Abel se quedó escuchando, con atención, pues la niña cada vez que podía hablaba cosas que solo una persona que el conocía sabría. — Abel, ¿Quieres conocer a Ángel?... El mayor se quedó sin poder reaccionar, su corazón se aceleró, con esa pregunta, pasó saliva forzadamente, un temblor lo invadió por dentro.
— Si, pequeña, llévame a conocer a Ángel. Yelena Antonov
Parte 5.... El día se llegó, Albel, tomó el autobús junto con María y la pequeña Lupita, 6 horas y 45 minutos era la distancia para llegar al tren que los llevaría al hospital; sin duda era una travesía constante para la mujer y la pequeña, en el lugar donde les tocó estaba una mujer mayor de piel sumamente oscura, la cual portaba un tanque de oxígeno, la menor por ser pequeña no dejaba de observarla con curiosidad, ese tren lo había puesto el gobierno para las personas con bajos recursos, por ende todo el tiempo estaba saturado, personas de diferentes culturas y razas podían apreciarse ahí.  — Mira, mira, los cerros ya se pusieron verdes otra vez, mami.  — Si mi amor, ya está en camino la primavera. Era asombroso para Lupita, pues la última vez que viajó en el tren, los cerros estaban cobijados con la blanca nieve del invierno, B solo la contempló con una tenue sonrisa en la comisura entre los labios, posó la mirada en aquel lugar, recordando los detalles tan simples que a su rosa de invierno la hacían feliz.  El monstruo de metal siguió su curso, unas cuantas pláticas sencillas entre María y él, todo tranquilo y claro como dos viejos amigos, los rayos de sol se disminuyeron, la media tarde ya estaba tocando la puerta, el frágil cuerpo de la infanta estaba recargado en el costado del mayor; el cansancio de haber salido temprano le había ganado.  —PRIMERA PARADA, NUEVA ESPERANZA EN 5 MINUTOS, REPITO, EN 5 MINUTOS. Una voz se escuchó; los pasajeros que estaban destinados comenzaron a tomar sus pertenencias. Las ruedas del tren comenzaron a cesar, lentamente.  — Lupita, mi amor, despierta, cariño, ya llegamos. - Dijo con suavidad María que había tomado a la pequeña entre sus brazos.     —Déjame llevarla, tomas las pertenencias, sigue adormilada. - Musitó Abel al ver que Lupita seguía dormida sin ningún esfuerzo, la cargó, colocando la cabeza de la pequeña en su hombro, María los contemplaba, pidiéndole a Dios que él se quedara con ellas para siempre. Detrás de unas cuantas personas, salieron los tres, el hospital era sumamente grande; a B no le sorprendía demasiado; alrededor del mundo había centros de salud más especializados y colosales. El tren siguió su curso, ellos entraron al lugar, donde los recibieron con mucha amabilidad, la pequeña a duras penas logró despertarse, ellos eran el turno número 50, Abel entendía por qué María desaparecía dos días, el camino absorbía bastante tiempo. — Mami, ¿Ya casi nos toca?.- Preguntó Lupita, con enfado. — En un momento más cariño, se paciente.  — Mami, no veo a Ángel, mi amiguita, ¿Puedo ir a buscarla, en lo que me toca?.- Abel se quedó escuchando, con atención, pues la niña cada vez que podía hablaba cosas que solo una persona que el conocía sabría. — Abel, ¿Quieres conocer a Ángel?... El mayor se quedó sin poder reaccionar, su corazón se aceleró, con esa pregunta, pasó saliva forzadamente, un temblor lo invadió por dentro. — Si, pequeña, llévame a conocer a Ángel. [C0quette]
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