╔══════════════════════════════════════╗ ✦ Contrato Confidencial: Clan Park & Kirijo Co.✦ ╚══════════════════════════════════════╝
Fandom OC
Categoría Original
El rugido de los motores del jet privado del Clan Park se apagó sobre la pista privada bajo el cielo plomizo de Portland. Soomin descendió por la escalerilla envuelta en un impecable traje sastre de tres piezas en tono ónix, proyectando una sombra que parecía devorar la escasa luz de la mañana. Sus tacones de aguja repicaron contra el asfalto con la cadencia de una marcha fúnebre y autoritaria.
A diferencia de los caóticos bajos fondos de Seúl, aquel territorio corporativo estadounidense era un páramo frío. Sus agudizados sentidos de súcubo, acostumbrados a saborear el miedo, la codicia y el latido desbocado de los hombres, se toparon con un muro de esterilidad metálica y zumbidos eléctricos que solo la hizo sonreír con elegante desdén. Ordenó a su letal escolta aguardar fuera y cruzó las imponentes puertas de cristal de Kirijo Company completamente sola.
El vestíbulo principal era una vasta catedral de acero, cristal y luz blanca. Al acercarse al mostrador de recepción, una androide de simetría antinatural alzó la vista, escaneando su biometría en una fracción de segundo.
—Bienvenida a Kirijo Company, señorita Park —articuló la máquina, con una cortesía perfecta—. La señorita Mitsuru bajará a buscarla en unos instantes. Por favor, tome asiento.
Soomin detuvo su paso. Clavó sus irises negro azabache en el impávido rostro de polímero de la máquina, alzando levemente el mentón. Se quedó de pie, inamovible, imponente y cruzada de brazos, dejando que su densa y oscura aura dominara el aséptico vestíbulo mientras aguardaba la llegada de la pelirroja.
A diferencia de los caóticos bajos fondos de Seúl, aquel territorio corporativo estadounidense era un páramo frío. Sus agudizados sentidos de súcubo, acostumbrados a saborear el miedo, la codicia y el latido desbocado de los hombres, se toparon con un muro de esterilidad metálica y zumbidos eléctricos que solo la hizo sonreír con elegante desdén. Ordenó a su letal escolta aguardar fuera y cruzó las imponentes puertas de cristal de Kirijo Company completamente sola.
El vestíbulo principal era una vasta catedral de acero, cristal y luz blanca. Al acercarse al mostrador de recepción, una androide de simetría antinatural alzó la vista, escaneando su biometría en una fracción de segundo.
—Bienvenida a Kirijo Company, señorita Park —articuló la máquina, con una cortesía perfecta—. La señorita Mitsuru bajará a buscarla en unos instantes. Por favor, tome asiento.
Soomin detuvo su paso. Clavó sus irises negro azabache en el impávido rostro de polímero de la máquina, alzando levemente el mentón. Se quedó de pie, inamovible, imponente y cruzada de brazos, dejando que su densa y oscura aura dominara el aséptico vestíbulo mientras aguardaba la llegada de la pelirroja.
El rugido de los motores del jet privado del Clan Park se apagó sobre la pista privada bajo el cielo plomizo de Portland. Soomin descendió por la escalerilla envuelta en un impecable traje sastre de tres piezas en tono ónix, proyectando una sombra que parecía devorar la escasa luz de la mañana. Sus tacones de aguja repicaron contra el asfalto con la cadencia de una marcha fúnebre y autoritaria.
A diferencia de los caóticos bajos fondos de Seúl, aquel territorio corporativo estadounidense era un páramo frío. Sus agudizados sentidos de súcubo, acostumbrados a saborear el miedo, la codicia y el latido desbocado de los hombres, se toparon con un muro de esterilidad metálica y zumbidos eléctricos que solo la hizo sonreír con elegante desdén. Ordenó a su letal escolta aguardar fuera y cruzó las imponentes puertas de cristal de Kirijo Company completamente sola.
El vestíbulo principal era una vasta catedral de acero, cristal y luz blanca. Al acercarse al mostrador de recepción, una androide de simetría antinatural alzó la vista, escaneando su biometría en una fracción de segundo.
—Bienvenida a Kirijo Company, señorita Park —articuló la máquina, con una cortesía perfecta—. La señorita Mitsuru bajará a buscarla en unos instantes. Por favor, tome asiento.
Soomin detuvo su paso. Clavó sus irises negro azabache en el impávido rostro de polímero de la máquina, alzando levemente el mentón. Se quedó de pie, inamovible, imponente y cruzada de brazos, dejando que su densa y oscura aura dominara el aséptico vestíbulo mientras aguardaba la llegada de la pelirroja.
Tipo
Individual
Líneas
30
Estado
Disponible
2
turnos
0
maullidos