La tarde iba pintando el cielo de hermosos colores rosas, lilas y azules que pronto se oscurecerían lo suficiente para dar paso a la noche. Las personas ya iban saliendo de sus trabajos o estaban dirigiéndose a casa, entre otras cosas.
Naelune, por ejemplo, caminaba por las calles en busca de algo interesante, alguna emoción para absorber o alguna situación que presenciar, lo que fuese para sacarse el aburrimiento de encima.
Ese día estaba siendo agobiantemente tranquilo, incluso para el caos que solía ser la ciudad. Eso la dejaba en un punto casi desconcertado, pero siempre podía crearse sus propias oportunidades. Para ello, necesitaba a alguien que gritara "elígeme", así que se puso a observar a las personas pasar, atenta a lo que percibía de cada una.
Pero, de la nada, sintió que algo no encajaba. Había algo, no, alguien, que no se esperaba en la ecuación, no estaba demasiado lejos, pero tampoco le detectó de forma inmediata.
Jotaro Tanaka
Naelune, por ejemplo, caminaba por las calles en busca de algo interesante, alguna emoción para absorber o alguna situación que presenciar, lo que fuese para sacarse el aburrimiento de encima.
Ese día estaba siendo agobiantemente tranquilo, incluso para el caos que solía ser la ciudad. Eso la dejaba en un punto casi desconcertado, pero siempre podía crearse sus propias oportunidades. Para ello, necesitaba a alguien que gritara "elígeme", así que se puso a observar a las personas pasar, atenta a lo que percibía de cada una.
Pero, de la nada, sintió que algo no encajaba. Había algo, no, alguien, que no se esperaba en la ecuación, no estaba demasiado lejos, pero tampoco le detectó de forma inmediata.
Jotaro Tanaka
La tarde iba pintando el cielo de hermosos colores rosas, lilas y azules que pronto se oscurecerían lo suficiente para dar paso a la noche. Las personas ya iban saliendo de sus trabajos o estaban dirigiéndose a casa, entre otras cosas.
Naelune, por ejemplo, caminaba por las calles en busca de algo interesante, alguna emoción para absorber o alguna situación que presenciar, lo que fuese para sacarse el aburrimiento de encima.
Ese día estaba siendo agobiantemente tranquilo, incluso para el caos que solía ser la ciudad. Eso la dejaba en un punto casi desconcertado, pero siempre podía crearse sus propias oportunidades. Para ello, necesitaba a alguien que gritara "elígeme", así que se puso a observar a las personas pasar, atenta a lo que percibía de cada una.
Pero, de la nada, sintió que algo no encajaba. Había algo, no, alguien, que no se esperaba en la ecuación, no estaba demasiado lejos, pero tampoco le detectó de forma inmediata.
[lunar_topaz_raven_411]