—¿Un encargo? —se cubrió los ojos en un gesto que se podía interpretar como “ya lo sabía, adorable” y se rió con suavidad, revelando apenas unos colmillos más afilados de lo normal. Solo un segundo después bajó un poco los dedos para mostrar sus ojos, los cuales brillaban con ligera intensidad. —Hay intención en tus palabras… siempre lo hace más interesante que una simple orden.

Se inclinó hacia adelante para acortar más el espacio entre la persona frente a ella, sin dejar de hacer contacto visual y con una sonrisa juguetona aún formada en sus labios.

—Claro que puedo ayudarte… siempre y cuando lo desees con mucha fuerza. —bajó las manos por completo, apoyándolas sobre la mesa, una al lado de la otra, dando más cercanía con el cuerpo ajeno. —¿En qué te puedo servir?
—¿Un encargo? —se cubrió los ojos en un gesto que se podía interpretar como “ya lo sabía, adorable” y se rió con suavidad, revelando apenas unos colmillos más afilados de lo normal. Solo un segundo después bajó un poco los dedos para mostrar sus ojos, los cuales brillaban con ligera intensidad. —Hay intención en tus palabras… siempre lo hace más interesante que una simple orden. Se inclinó hacia adelante para acortar más el espacio entre la persona frente a ella, sin dejar de hacer contacto visual y con una sonrisa juguetona aún formada en sus labios. —Claro que puedo ayudarte… siempre y cuando lo desees con mucha fuerza. —bajó las manos por completo, apoyándolas sobre la mesa, una al lado de la otra, dando más cercanía con el cuerpo ajeno. —¿En qué te puedo servir?
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