*Podía sentir sus ojos clavados en mí. Esas miradas de curiosidad barata siempre me han revuelto el estómago. Si Alastor no me hubiera concedido este permiso para volver al plano terrenal, probablemente ya me habría convertido en algo irreconocible; ese aire viciado y podrido del infierno estaba empezando a afectar mi aspecto, y no pienso permitir que mi humanidad se pierda entre esa basura.
Me instalé en una zona rural, un lugar lo suficientemente alejado de la suciedad urbana. No es que necesite el dinero—ese demonio sonriente paga lo suficiente—, pero si no mantengo mi mente y mi cuerpo ocupados en algo productivo, siento que me pudro por dentro. Mi contacto me aseguró que tenía el trabajo "perfecto". No sé en qué demonios estaba pensando cuando acepté, pero aquí estoy.
El humor se me agrió por completo al notar cómo me analizaban, juzgando mi ropa como si tuvieran derecho a opinar. Cuando uno de esos cerdos se acercó demasiado, rompiendo mi espacio personal, saqué el dispensador. Lo apunté directamente a su cara, dejando que mi voz saliera tan fría como el acero:*

—Di una sola palabra y te juro que lo siguiente que sentirás será el cloro quemándote los globos oculares. Largo de aquí.—
*Podía sentir sus ojos clavados en mí. Esas miradas de curiosidad barata siempre me han revuelto el estómago. Si Alastor no me hubiera concedido este permiso para volver al plano terrenal, probablemente ya me habría convertido en algo irreconocible; ese aire viciado y podrido del infierno estaba empezando a afectar mi aspecto, y no pienso permitir que mi humanidad se pierda entre esa basura. Me instalé en una zona rural, un lugar lo suficientemente alejado de la suciedad urbana. No es que necesite el dinero—ese demonio sonriente paga lo suficiente—, pero si no mantengo mi mente y mi cuerpo ocupados en algo productivo, siento que me pudro por dentro. Mi contacto me aseguró que tenía el trabajo "perfecto". No sé en qué demonios estaba pensando cuando acepté, pero aquí estoy. El humor se me agrió por completo al notar cómo me analizaban, juzgando mi ropa como si tuvieran derecho a opinar. Cuando uno de esos cerdos se acercó demasiado, rompiendo mi espacio personal, saqué el dispensador. Lo apunté directamente a su cara, dejando que mi voz saliera tan fría como el acero:* —Di una sola palabra y te juro que lo siguiente que sentirás será el cloro quemándote los globos oculares. Largo de aquí.—
Me gusta
Me enjaja
4
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados