La felicidad, un estado tan efímero que duele; meta inalcanzable tras la que todos corren...
— Me cansé... — Murmuró Nairis. La lluvia ya no era una molestia, al menos era una sensación real. El frío que sentía sería el ancla para mantenerla en la realidad. — Es estúpido... — Un suspiro escapó sus labios.
Caminó por las calles encharcadas con su mente como única compañera, con sus pensamientos como tortura; al menos no había silencio, fruto de la lluvia que arremetía contra ella.
Parece que no importaba lo que se esforzara por encajar en algún lado, nada daría frutos, nada se mantendría y es que, como muchos dicen, las mentiras tienen las patas cortas.
El mundo era su escenario.
Su forma de ser su actuación.
Pero siempre que se acababa la función y se cerraba el telón, el resultado era el mismo; un vacío que devoraba toda emoción.
Las risas no le pertenecían, pero tampoco lo hacían los llantos.
Nadie podía afirmar conocerla con certeza, por cercano que fuera, entonces ¿Qué debía hacer?
Se refugió brevemente en un callejón. — Todo se irá a la mierda tarde o temprano... — Suspiró nuevamente, el frío le calaba hasta los huesos. — Quizás es momento de dejarme ir... — Cerró los ojos mientras reflexionaba. — O de dejarme ver... — Se abrazó a si misma ¿Cuánto tardaría en explotar?
— Me cansé... — Murmuró Nairis. La lluvia ya no era una molestia, al menos era una sensación real. El frío que sentía sería el ancla para mantenerla en la realidad. — Es estúpido... — Un suspiro escapó sus labios.
Caminó por las calles encharcadas con su mente como única compañera, con sus pensamientos como tortura; al menos no había silencio, fruto de la lluvia que arremetía contra ella.
Parece que no importaba lo que se esforzara por encajar en algún lado, nada daría frutos, nada se mantendría y es que, como muchos dicen, las mentiras tienen las patas cortas.
El mundo era su escenario.
Su forma de ser su actuación.
Pero siempre que se acababa la función y se cerraba el telón, el resultado era el mismo; un vacío que devoraba toda emoción.
Las risas no le pertenecían, pero tampoco lo hacían los llantos.
Nadie podía afirmar conocerla con certeza, por cercano que fuera, entonces ¿Qué debía hacer?
Se refugió brevemente en un callejón. — Todo se irá a la mierda tarde o temprano... — Suspiró nuevamente, el frío le calaba hasta los huesos. — Quizás es momento de dejarme ir... — Cerró los ojos mientras reflexionaba. — O de dejarme ver... — Se abrazó a si misma ¿Cuánto tardaría en explotar?
La felicidad, un estado tan efímero que duele; meta inalcanzable tras la que todos corren...
— Me cansé... — Murmuró Nairis. La lluvia ya no era una molestia, al menos era una sensación real. El frío que sentía sería el ancla para mantenerla en la realidad. — Es estúpido... — Un suspiro escapó sus labios.
Caminó por las calles encharcadas con su mente como única compañera, con sus pensamientos como tortura; al menos no había silencio, fruto de la lluvia que arremetía contra ella.
Parece que no importaba lo que se esforzara por encajar en algún lado, nada daría frutos, nada se mantendría y es que, como muchos dicen, las mentiras tienen las patas cortas.
El mundo era su escenario.
Su forma de ser su actuación.
Pero siempre que se acababa la función y se cerraba el telón, el resultado era el mismo; un vacío que devoraba toda emoción.
Las risas no le pertenecían, pero tampoco lo hacían los llantos.
Nadie podía afirmar conocerla con certeza, por cercano que fuera, entonces ¿Qué debía hacer?
Se refugió brevemente en un callejón. — Todo se irá a la mierda tarde o temprano... — Suspiró nuevamente, el frío le calaba hasta los huesos. — Quizás es momento de dejarme ir... — Cerró los ojos mientras reflexionaba. — O de dejarme ver... — Se abrazó a si misma ¿Cuánto tardaría en explotar?