Parte 4.
Cabe resaltar que Lupita tenía una condición médica, que era tratada desde los dos años de vida, su madre, trabajaba día y noche para pagar la estancia, pues el lugar estaba sumamente retirado, pues dicho hospital estaba en la frontera del este con Colombia.  Abel se mantuvo calmado; muchas ideas nacieron en su mente, recordó que no le habían permitido el darle el último adiós a su amada Yelena, pues la noticia llegó a el demasiado tarde. 

—Lupita, ¿Te gustaría que te acompañara esta vez a tus terapias?.

La niña volvió a su lugar, viendo frente a frente al mayor; con una sonrisa en los labios asintió con la cabeza y, de un brincó, corrió a ver a su mamá y a su abuelo, diciéndoles que los acompañaría, María su madre, contenta, pues era la primera vez que saldría con Abel.

Abel sonrió, realizó una seña a la mujer y se retiró; mientras llegaba a su destino, las interrogantes en su cabeza no cesaban, los sueños eran más crueles que antes y esa voz femenina, no dejaba de llamarle. 

— ¿Será posible?, y si ...¿fingió su muerte?, No sería la primera vez, pero las fotografías del crimen, su empleado de confianza fue quien me informó, y la enfermera también. - Esa noche se mantuvo sereno, pero pendiente a lo que la infanta le había dicho; en unos cuantos días se quitaría la duda, era incertidumbre, miedo y ansiedad tal vez, aunque cabía la posibilidad de que aquel ángel de venda en los ojos se tratara de otra mujer. 
Parte 4. Cabe resaltar que Lupita tenía una condición médica, que era tratada desde los dos años de vida, su madre, trabajaba día y noche para pagar la estancia, pues el lugar estaba sumamente retirado, pues dicho hospital estaba en la frontera del este con Colombia.  Abel se mantuvo calmado; muchas ideas nacieron en su mente, recordó que no le habían permitido el darle el último adiós a su amada Yelena, pues la noticia llegó a el demasiado tarde.  —Lupita, ¿Te gustaría que te acompañara esta vez a tus terapias?. La niña volvió a su lugar, viendo frente a frente al mayor; con una sonrisa en los labios asintió con la cabeza y, de un brincó, corrió a ver a su mamá y a su abuelo, diciéndoles que los acompañaría, María su madre, contenta, pues era la primera vez que saldría con Abel. Abel sonrió, realizó una seña a la mujer y se retiró; mientras llegaba a su destino, las interrogantes en su cabeza no cesaban, los sueños eran más crueles que antes y esa voz femenina, no dejaba de llamarle.  — ¿Será posible?, y si ...¿fingió su muerte?, No sería la primera vez, pero las fotografías del crimen, su empleado de confianza fue quien me informó, y la enfermera también. - Esa noche se mantuvo sereno, pero pendiente a lo que la infanta le había dicho; en unos cuantos días se quitaría la duda, era incertidumbre, miedo y ansiedad tal vez, aunque cabía la posibilidad de que aquel ángel de venda en los ojos se tratara de otra mujer. 
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