A veces, las fiestas terminan antes de tiempo,
como si un gato tirase la radio y aguase la fiesta,
justo cuando más estábamos riendo.
Y aun así, ni siquiera eso
pudo detener todo lo que fuimos.

Corrimos por la orilla,
con la brisa salada despeinando los recuerdos,
con risas que sabían a verano eterno.
Fuimos por helado,
como si el tiempo no tuviera prisa.
Incluso escribimos nuestra propia historia,
una que no cabe en libros,
pero vive en cada instante compartido.

Recuerdo cómo tomé tu mejilla
solo para decirte, sin palabras perfectas,
incluso siquiera, sin usar palabra alguna,
lo mucho que significas para mí.
Y tú, levantando tus gafas de sol,
me miraste directo a los ojos…
como si por un segundo
el mundo dejara de existir.

Luego reímos,
y volviste a ocultarnos tras ellas.
Bajaste las tuyas.
Mis ojos cubriste con las mías.
Y como dos cómplices nos dedicamos,
mutuamente, dos de nuestras mejores sonrisas.

Porque así somos:
dos almas que, entre la multitud,
aprendieron a pasar desapercibidas,
guardando un rincón secreto
que nadie más conocerá.

Nuestras verdades,
nuestros silencios,
nuestros pequeños tesoros.

Quizá ese atardecer
solo nos fue concedido una vez…
pero sé que habrá mil más,
distintos, lejanos, invisibles para otros,
donde, de alguna forma,
seguiremos caminando juntos.
A veces, las fiestas terminan antes de tiempo, como si un gato tirase la radio y aguase la fiesta, justo cuando más estábamos riendo. Y aun así, ni siquiera eso pudo detener todo lo que fuimos. Corrimos por la orilla, con la brisa salada despeinando los recuerdos, con risas que sabían a verano eterno. Fuimos por helado, como si el tiempo no tuviera prisa. Incluso escribimos nuestra propia historia, una que no cabe en libros, pero vive en cada instante compartido. Recuerdo cómo tomé tu mejilla solo para decirte, sin palabras perfectas, incluso siquiera, sin usar palabra alguna, lo mucho que significas para mí. Y tú, levantando tus gafas de sol, me miraste directo a los ojos… como si por un segundo el mundo dejara de existir. Luego reímos, y volviste a ocultarnos tras ellas. Bajaste las tuyas. Mis ojos cubriste con las mías. Y como dos cómplices nos dedicamos, mutuamente, dos de nuestras mejores sonrisas. Porque así somos: dos almas que, entre la multitud, aprendieron a pasar desapercibidas, guardando un rincón secreto que nadie más conocerá. Nuestras verdades, nuestros silencios, nuestros pequeños tesoros. Quizá ese atardecer solo nos fue concedido una vez… pero sé que habrá mil más, distintos, lejanos, invisibles para otros, donde, de alguna forma, seguiremos caminando juntos.
Me encocora
Me gusta
3
5 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados