Su naturaleza jamás albergó la codicia ni la osadía de profanar los límites que le fueron impuestos. Dentro de esa mente tan destrozada, presenciar a alguien alimentarse era un acto suficiente para que sus emociones encontraran la calma que sus ataduras le impedían disfrutar de manera genuina. Y de tratarse exclusivamente de él, habría añorado aquel sentimiento por siempre... coronándolo como su más grande acto de rebeldía.
No obstante, la divinidad es inclemente... y el mundo, un verdugo despiadado.
No obstante, la divinidad es inclemente... y el mundo, un verdugo despiadado.
Su naturaleza jamás albergó la codicia ni la osadía de profanar los límites que le fueron impuestos. Dentro de esa mente tan destrozada, presenciar a alguien alimentarse era un acto suficiente para que sus emociones encontraran la calma que sus ataduras le impedían disfrutar de manera genuina. Y de tratarse exclusivamente de él, habría añorado aquel sentimiento por siempre... coronándolo como su más grande acto de rebeldía.
No obstante, la divinidad es inclemente... y el mundo, un verdugo despiadado.