𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑑𝑜𝑟
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⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm
⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre

Prólogo.

𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar.

La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones.

< Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. >

⸻⸻⸻⸻

De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo.

Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente.

Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos.

El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado.

No más quejas de su parte.

Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando.

Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado.

"Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos.

Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar.

Rol privado.
⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre Prólogo. 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar. La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones. < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. > ⸻⸻⸻⸻ De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo. Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente. Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos. El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado. No más quejas de su parte. Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando. Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado. "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos. Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar. Rol privado.
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