Imperativo el buen uso de las palabras. La magia que ocultan, acompañadas de los gestos que se pueden desprender de pronunciarlas, pueden hacer que la voluntad de una persona se doblegue. Incluso llegando a sodomizarla, a que cumpla tus deseos sin objeciones.
Nadie está exento a esos embrujos y una vez que se cae en esa posesión puede volverse difícil reconocer la realidad. Si te convence solo con palabras y quedas prendido en ese bucle, deseo que tengas suerte de salirte.
¿Estás dispuesto a conversar? ¿Te gustaría escuchar cosas que moralmente pueden prohibirse aún? O mejor... ¿quieres que nombre cada fantasía de tal manera que la saliva empiece a brotar de tu boca perdiendo la capacidad de contenerla dentro? Te desafío.
Quizas, estés a la altura para que me doblegue a mi misma.
Nadie está exento a esos embrujos y una vez que se cae en esa posesión puede volverse difícil reconocer la realidad. Si te convence solo con palabras y quedas prendido en ese bucle, deseo que tengas suerte de salirte.
¿Estás dispuesto a conversar? ¿Te gustaría escuchar cosas que moralmente pueden prohibirse aún? O mejor... ¿quieres que nombre cada fantasía de tal manera que la saliva empiece a brotar de tu boca perdiendo la capacidad de contenerla dentro? Te desafío.
Quizas, estés a la altura para que me doblegue a mi misma.
Imperativo el buen uso de las palabras. La magia que ocultan, acompañadas de los gestos que se pueden desprender de pronunciarlas, pueden hacer que la voluntad de una persona se doblegue. Incluso llegando a sodomizarla, a que cumpla tus deseos sin objeciones.
Nadie está exento a esos embrujos y una vez que se cae en esa posesión puede volverse difícil reconocer la realidad. Si te convence solo con palabras y quedas prendido en ese bucle, deseo que tengas suerte de salirte.
¿Estás dispuesto a conversar? ¿Te gustaría escuchar cosas que moralmente pueden prohibirse aún? O mejor... ¿quieres que nombre cada fantasía de tal manera que la saliva empiece a brotar de tu boca perdiendo la capacidad de contenerla dentro? Te desafío.
Quizas, estés a la altura para que me doblegue a mi misma.
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