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โ”€โ”€โ”€โ”€๐‘ˆ๐‘›๐‘Ž ๐‘›๐‘œ๐‘โ„Ž๐‘’ ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘–๐‘›๐‘Ž ๐‘ฆ ๐‘ ๐‘–๐‘› ๐‘๐‘Ÿ๐‘’๐‘œ๐‘๐‘ข๐‘๐‘Ž๐‘๐‘–๐‘œ๐‘›๐‘’๐‘  โ”€โ”€โ”€โ”€

[] ๐‘ƒ๐‘Ž๐‘Ÿí๐‘ , ๐น๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘๐‘–๐‘Ž โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐Ÿถ๐Ÿท:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€)

Empujó la pesada puerta de madera del bar con el hombro, y el tintineo discreto de la campanilla se perdió casi de inmediato entre el murmullo cálido de las conversaciones y el jazz suave que salía de un viejo tocadiscos en la esquina.

El aire olía a tabaco viejo, madera encerada y un leve rastro de coñac caro.

Se quitó el abrigo húmedo por la llovizna parisina y lo colgó en el perchero junto a la entrada.

Sin prisa, recorrió con la mirada las mesas bajas de mármol hasta encontrar un taburete libre en la barra, justo donde la luz ámbar de una lámpara caía como miel sobre el zinc bruñido.

Se sentó, apoyó los antebrazos y dejó escapar un suspiro largo, casi satisfecho.

โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ด, ๐˜—๐˜ข๐˜ถ๐˜ญ. โ”€โ”€โ”€โ”€

Saludo al barman quién ya sabía perfectamente el pedido.

Mientras el hombre servía el whisky en un vaso, Santiago giró ligeramente el taburete para observar el local.

Todo parecía moverse a un ritmo que no tenía nada que ver a lo que acostumbraba a veces.

El vaso llegó frente a él. El líquido dorado atrapó la luz y la devolvió en destellos lentos.

Lo levantó un poco, como brindando consigo mismo, y murmuró casi inaudible:

โ”€โ”€โ”€โ”€๐˜š๐˜ข๐˜ญ๐˜ถ๐˜ฅ, ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ซ๐˜ฐ. ๐˜“๐˜ญ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí. ๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ตá ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ญ.โ”€โ”€โ”€โ”€

Dio el primer sorbo pequeño, dejando que el calor le recorriera la garganta y se asentara en el pecho.

Cerró los ojos un segundo, solo un segundo, y sonrió de lado, esa media sonrisa que usaba cuando nadie lo veía.

โ”€โ”€โ”€โ”€๐˜—๐˜ข๐˜ณí๐˜ด. ๐˜š๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ช๐˜ฅí๐˜ค๐˜ถ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ณ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ท๐˜ฐ๐˜ป ๐˜ข๐˜ญ๐˜ต๐˜ข, ¿๐˜ฏ๐˜ฐ? ๐˜—๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถé ๐˜ค๐˜ข๐˜ณ๐˜ข๐˜ซ๐˜ฐ; ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฐ๐˜บ. โ”€โ”€โ”€โ”€

Otro sorbo, más largo esta vez. Apoyó la barbilla en la mano y se quedó mirando el vaso, girándolo despacio entre los dedos, dejando que el mundo se redujera a ese pequeño círculo de cristal y líquido ámbar.
โ ๐‡๐„๐‘๐„ ๐–๐„ ๐†๐Ž ๐€๐†๐€๐ˆ๐ โž [•] โ”€โ”€โ”€โ”€๐‘ˆ๐‘›๐‘Ž ๐‘›๐‘œ๐‘โ„Ž๐‘’ ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘–๐‘›๐‘Ž ๐‘ฆ ๐‘ ๐‘–๐‘› ๐‘๐‘Ÿ๐‘’๐‘œ๐‘๐‘ข๐‘๐‘Ž๐‘๐‘–๐‘œ๐‘›๐‘’๐‘  โ”€โ”€โ”€โ”€ [๐Ÿ‡ซ๐Ÿ‡ท] ๐‘ƒ๐‘Ž๐‘Ÿí๐‘ , ๐น๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘๐‘–๐‘Ž โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐Ÿถ๐Ÿท:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€) Empujó la pesada puerta de madera del bar con el hombro, y el tintineo discreto de la campanilla se perdió casi de inmediato entre el murmullo cálido de las conversaciones y el jazz suave que salía de un viejo tocadiscos en la esquina. El aire olía a tabaco viejo, madera encerada y un leve rastro de coñac caro. Se quitó el abrigo húmedo por la llovizna parisina y lo colgó en el perchero junto a la entrada. Sin prisa, recorrió con la mirada las mesas bajas de mármol hasta encontrar un taburete libre en la barra, justo donde la luz ámbar de una lámpara caía como miel sobre el zinc bruñido. Se sentó, apoyó los antebrazos y dejó escapar un suspiro largo, casi satisfecho. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ด, ๐˜—๐˜ข๐˜ถ๐˜ญ. โ”€โ”€โ”€โ”€ Saludo al barman quién ya sabía perfectamente el pedido. Mientras el hombre servía el whisky en un vaso, Santiago giró ligeramente el taburete para observar el local. Todo parecía moverse a un ritmo que no tenía nada que ver a lo que acostumbraba a veces. El vaso llegó frente a él. El líquido dorado atrapó la luz y la devolvió en destellos lentos. Lo levantó un poco, como brindando consigo mismo, y murmuró casi inaudible: โ”€โ”€โ”€โ”€๐˜š๐˜ข๐˜ญ๐˜ถ๐˜ฅ, ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ซ๐˜ฐ. ๐˜“๐˜ญ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí. ๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ตá ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ญ.โ”€โ”€โ”€โ”€ Dio el primer sorbo pequeño, dejando que el calor le recorriera la garganta y se asentara en el pecho. Cerró los ojos un segundo, solo un segundo, y sonrió de lado, esa media sonrisa que usaba cuando nadie lo veía. โ”€โ”€โ”€โ”€๐˜—๐˜ข๐˜ณí๐˜ด. ๐˜š๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ช๐˜ฅí๐˜ค๐˜ถ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ณ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ท๐˜ฐ๐˜ป ๐˜ข๐˜ญ๐˜ต๐˜ข, ¿๐˜ฏ๐˜ฐ? ๐˜—๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถé ๐˜ค๐˜ข๐˜ณ๐˜ข๐˜ซ๐˜ฐ; ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฐ๐˜บ. โ”€โ”€โ”€โ”€ Otro sorbo, más largo esta vez. Apoyó la barbilla en la mano y se quedó mirando el vaso, girándolo despacio entre los dedos, dejando que el mundo se redujera a ese pequeño círculo de cristal y líquido ámbar.
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