Ardí.
Y no fue metáfora.
Hubo noches donde el fuego
no era enemigo,
sino el único idioma que entendía mi alma.
Me consumí sin testigos,
dejando en el suelo
huesos de lo que fui.
Pero incluso las cenizas
recuerdan cómo volar.
Hoy camino de nuevo.
No huyo del incendio que fui,
lo llevo en la piel como constelación.
Y cuando miro atrás
no veo derrota.
Veo una senda negra,
marcada por el fuego,
un lugar que ya cumplió su destino.
Las cenizas quedan atrás.
El cielo…
vuelve a estar delante.
Y no fue metáfora.
Hubo noches donde el fuego
no era enemigo,
sino el único idioma que entendía mi alma.
Me consumí sin testigos,
dejando en el suelo
huesos de lo que fui.
Pero incluso las cenizas
recuerdan cómo volar.
Hoy camino de nuevo.
No huyo del incendio que fui,
lo llevo en la piel como constelación.
Y cuando miro atrás
no veo derrota.
Veo una senda negra,
marcada por el fuego,
un lugar que ya cumplió su destino.
Las cenizas quedan atrás.
El cielo…
vuelve a estar delante.
Ardí.
Y no fue metáfora.
Hubo noches donde el fuego
no era enemigo,
sino el único idioma que entendía mi alma.
Me consumí sin testigos,
dejando en el suelo
huesos de lo que fui.
Pero incluso las cenizas
recuerdan cómo volar.
Hoy camino de nuevo.
No huyo del incendio que fui,
lo llevo en la piel como constelación.
Y cuando miro atrás
no veo derrota.
Veo una senda negra,
marcada por el fuego,
un lugar que ya cumplió su destino.
Las cenizas quedan atrás.
El cielo…
vuelve a estar delante.