Parte 3...

Cómo pudo logró pasar ese día; trataba de enfocarse en otras cosas para que aquellos pensamientos tristes y ahogantes lo dejaran en paz, "Un día a la vez" su mejor dicho para seguir adelante, las noches cayeron, algunas de ellas lo dejaron dormir pocas horas, otras solo lo castigaban, los días se dejaron ver, algunos radiantes, otros grises; de igual manera tenía que seguir, quizás el tiempo le curaría esa enorme herida en el alma.

Los fines de semana salía temprano; se quedó un momento, del bolsillo sustrajo el encendedor y de su oreja derecha retiró el cigarrillo que comenzaría a fumar mientras charlaba con algunos compañeros.

—Pronto seré papá; se me hace eterno este último mes. 
—¡Felicidades!.- Varios compañeros incluyendo a "B" dijeron al escucharlo tan emocionado. —Sí, estoy viendo si me dejan doblar turnos estas semanas, para tener todo para mi chamaquito. 
— ¡UY!, hermano, así como anda el encargado, no creo; ya ves que solo deja doblar a quienes le caen bien y a las mujeres.
—Es lo que me preocupa, he tenido algunos roces con ese hijoeputa, por fanfarrón y creído, pero en cuanto pueda le bajo los humos.
—No, hermano, deja que todo esto pase, no te metas en camisa de once varas, tu situación no está para perder el trabajo. 

Abel se mantuvo firme escuchando, degustando con tranquilidad su cigarrillo.  — ¿Y tú hermano?, ¿no tienes mujer?, siempre te vemos solo, ¿o tienes otros gustos?.- Al decir esto último, los compañeros se le quedaron viendo atentos, esperando respuesta, Abel solo los miró fijamente, lanzó la colilla del cigarrillo al suelo y lo apagó aplastándolo contra el suelo. 

—La curiosidad mató al gato. - Abel y sus dichos; montó su motocicleta y la encendió.  — ¡No hermano, no se vaya!.- Realizó una seña con la mano para despedirse y marchó a su destino. Para llegar a su hogar, tenía que pasar por la tienda de víveres; los niños jugaban a atraparse; entre ellos estaba la pequeña Lupita, quien lo saludó eufóricamente.   — ¡"B", adiós "B"!.- En ese momento se detuvo abruptamente; por poco tenía un accidente, pues nadie, pero absolutamente nadie sabía el apodo de asesino que tenía. No pudo evitarlo y se acercó calmadamente a la infanta, quien lo veía desde abajo. 

— Hola nena.- Se postró de rodillas para estar al tamaño de la pequeña y preguntó con curiosidad y asombro.  —  ¿Por qué me llamaste "B"?.- Lupita lo abrazó inocentemente y le dijo al oído.  — Ella me lo ha pedido, el ángel de cabellos dorados y ojos vendados...
Parte 3... Cómo pudo logró pasar ese día; trataba de enfocarse en otras cosas para que aquellos pensamientos tristes y ahogantes lo dejaran en paz, "Un día a la vez" su mejor dicho para seguir adelante, las noches cayeron, algunas de ellas lo dejaron dormir pocas horas, otras solo lo castigaban, los días se dejaron ver, algunos radiantes, otros grises; de igual manera tenía que seguir, quizás el tiempo le curaría esa enorme herida en el alma. Los fines de semana salía temprano; se quedó un momento, del bolsillo sustrajo el encendedor y de su oreja derecha retiró el cigarrillo que comenzaría a fumar mientras charlaba con algunos compañeros. —Pronto seré papá; se me hace eterno este último mes.  —¡Felicidades!.- Varios compañeros incluyendo a "B" dijeron al escucharlo tan emocionado. —Sí, estoy viendo si me dejan doblar turnos estas semanas, para tener todo para mi chamaquito.  — ¡UY!, hermano, así como anda el encargado, no creo; ya ves que solo deja doblar a quienes le caen bien y a las mujeres. —Es lo que me preocupa, he tenido algunos roces con ese hijoeputa, por fanfarrón y creído, pero en cuanto pueda le bajo los humos. —No, hermano, deja que todo esto pase, no te metas en camisa de once varas, tu situación no está para perder el trabajo.  Abel se mantuvo firme escuchando, degustando con tranquilidad su cigarrillo.  — ¿Y tú hermano?, ¿no tienes mujer?, siempre te vemos solo, ¿o tienes otros gustos?.- Al decir esto último, los compañeros se le quedaron viendo atentos, esperando respuesta, Abel solo los miró fijamente, lanzó la colilla del cigarrillo al suelo y lo apagó aplastándolo contra el suelo.  —La curiosidad mató al gato. - Abel y sus dichos; montó su motocicleta y la encendió.  — ¡No hermano, no se vaya!.- Realizó una seña con la mano para despedirse y marchó a su destino. Para llegar a su hogar, tenía que pasar por la tienda de víveres; los niños jugaban a atraparse; entre ellos estaba la pequeña Lupita, quien lo saludó eufóricamente.   — ¡"B", adiós "B"!.- En ese momento se detuvo abruptamente; por poco tenía un accidente, pues nadie, pero absolutamente nadie sabía el apodo de asesino que tenía. No pudo evitarlo y se acercó calmadamente a la infanta, quien lo veía desde abajo.  — Hola nena.- Se postró de rodillas para estar al tamaño de la pequeña y preguntó con curiosidad y asombro.  —  ¿Por qué me llamaste "B"?.- Lupita lo abrazó inocentemente y le dijo al oído.  — Ella me lo ha pedido, el ángel de cabellos dorados y ojos vendados...
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